Tortugas

Sigue habiendo mazapán de Navidad y está siendo toda una perdición para mí y mis kilos perdidos. He dejado de apuntarlos para no deprimirme, pero creo que de los 13 que conseguí engordar, solo me quedan cinco vivos. No sé dónde los llevo exactamente. Yo me toco por aquí y por allá y no noto ninguna chicha, ningún músculo. Solo hueso y costilla. A Jon le gusto. Me agarra el culo con las dos manos. “Tú-eres-perfecto.” Vale, Jon. Y tú ciego. Pero sigue así.

Ya se termina el domingo. He estado pintando tortugas con spray y unas plantillas que me he inventado yo conmigo mismo, así que ahora mismo estoy un poco intoxicado de pintura. También he intentado tocar a Lykke Li a la guitarra. Me ha quedado una mierda supermona. No tengo ningún talento para la música. Solo buen empeño y torpeza. Jon se ha asomado por la puerta de la buhardilla “¿Qué tocas? ¿Te ayudo?” Cuando Jon me ofrece su ayuda, es que estoy sonando realmente mal. Cuando Jon asoma, es que sueno entre chungo y terrible. Para hacer un doble mortal de dignidad, le he dicho que solo estaba experimentando, y me he puesto a tocar el Ya Soy Mayor de Javier Álvarez, que es lo único que me sale bien, porque fue lo primero que aprendí y se me quedó incrustado en el cerebro. Sigo enamorado, así que sigo disimulando para gustarle. Él ha sonreído y luego me ha subido chocolate y roscón con nata. Lo hemos comido juntos, sentados en los periódicos del suelo, rodeados de mis tortugas de spray, que parecían mirarnos con interés. “¿Ahora tortugas?” “Sí.” “¿Y eso?” “No sé. Parecen felices.”

A Jon no le importa que yo esté loco. Le valgo así.