Kid Albóndiga

Ya se ha ido Jon. Voy a dejar su regalo y comida de cumpleaños en stand by por si acaso volviera a tiempo. Al fin y al cabo llevo 28 años viviendo cosas que nunca me espero, así que…

Anoche me dio el ataquito líder y estuve cocinando 235 comidas, para estos días que estaré al cargo de todo y no me dará tiempo a nada. Durante la última ausencia de Jon caí en el cuello de botella nohehechocompra-nohecocinado-vivatelepizza-yahoratelechino y el bicho de la conciencia me estuvo ladrando cada noche con el “esto no es sano para los niños”. Esta vez me he propuesto que no me pase, así que… ayer era la una de la madrugada y yo estaba haciendo puré de calabacín y albóndigas en salsa. Esta mañana cuando nos hemos levantado, toda la casa olía a albóndigas guisadas. Que no es que sea el peor olor del mundo, pero que a las siete de la mañana desconcierta, la verdad. María ha bajado con su cara de termita ansiosa y cuando le he preguntado qué quería para desayunar, me ha dicho “CHICHA CON SALSITA”. He gastado quince minutos de explicación semicoherente de por qué no se podían desayunar albóndigas (semicoherente porque tampoco es que yo tenga muy claro que no se pueda), y luego otros veinte más de esquivar respuestas tipo “PUES TOSTADAS CON CHICHA Y SALSITA” “PUES BISCOCHO CON CHICHA Y SALSITA” “PUES GALLETAS CON CHICHA Y SALSITA”. Al final he estado a punto de abandonar toda resistencia, pasar las albóndigas por la batidora y hacer para todos un coctel de Nesquick albondiguero al estilo jameyá.

En esto de llevar el barco soy como un mecánico de ñapas. Aprieto una tuerca y en la otra punta se me afloja otra.

Jon me ha dejado escrita una partitura de Lykke Li. Su fe en mí es inamovible. Casi tanto como mi incapacidad para tocar partituras a la primer. Vamos… ni aunque me las pongan en formato Cortylandia.