Mantras

¿Cuánto hace que te fuiste? ¿una semana? Dijiste unos diez días. Eso hace justito, justito, tu cumpleaños. Por si vienes a tiempo, he borrado el tweet en el que contaba el regalo que te había comprado. El de la otra sorpresa no, porque no lo encuentro y estoy sumamente perezoso. Como si me pesaran los brazos y tuviera aire en la cabeza. No duermo nada bien estos días. Caigo en coma en el sofá siempre a media película y luego a las seis de la madrugada me despierto y ya no logro volverme a dormir. Igual en lunes, que en martes, que en sábado, que en domingo. A las seis, algo en mi cerebro hace clic y ya… ojos abiertos y despeje absoluto. Veo amanecer cada día y escucho la casa despertarse y llenarse de vida. Pasos de María, tostadas del vecino, cisterna del piso de abajo, perros que arrastran las pezuñas por el suelo de baldosas… Me enseñaste una técnica de relajación para poder volver a dormirme cuando me despierto con el sueño del mono loco, pero no la recuerdo bien. Creo que era algo así como inventarse una palabra y repetirla en cadencia de mantra, hasta que se te vacía la cabeza de pensamientos ¿no? ¿era eso? Tiene mucho de meditación, pero yo no sirvo para meditar. No he servido nunca. A mí no me han salido los pensamientos por un lado, y ya tengo otros tantos puñados entrando por el otro. Multipensamientos solapados. Uno de mis exprofesores de filosofía (que se apellidaba Pajón y eso le convertía en un ser muy recordable) me decía «usted piensa en paralelo, Señor Serlik.» En paralelo. Exacto. Ese es el problema. Y la única solución para que vacíe la mente es darme repetidamente con la tabla del monopatín en el cráneo clonc-clonc-clonc hasta que toque hueso. Bueno, esperaré a que vengas para inventarme mi palabra-mantra. Se me hace más fácil cuando estás aquí, mordiéndome el culo y pidiéndome que recoja mis pinturas de encima del edredón. Se me hace más fácil vivir en modo normal.

No pienses que ando otra vez ñoño y unicornioso por tu ausencia. Después de todas las semanas que estuviste en Chile, estos pocos días son una chuminería y soy consciente. Pero sí es verdad que lo de no tener teléfono, whatsapp, skype o señales de humo, lo vuelve todo un poco más denso.

Entre nosotros, un muro de metacrilato.
No nos deja vernos, ni manosearnos.
Y por las noches, todo es cambio de postura,
encuentro telarañas por las costuras.