Por ti

El padre de Gustavo aún sigue vivo. Ha tenido una mejoría y ya incluso ha empezado a comer un poco. Con sus 92 años. Con su hígado comido de cáncer. Con su marcapasos. Con su cabeza perdida. Con su todo. Ahí sigue. Me divierte pensar que haya sido por reencontrarse con Gus en el hospital y haber apaciguado su conciencia. Pero solo me divierte, porque el pobre hombre estaba ya como una maraca y no reconocía ni a su padre. Hoy Gustavo va a volver al hospital, pero esta vez con su marido piloto de verdad. Daría lo que fuera por poder ver la escena por un agujerito. Las caras cuando aparezca. Las frases tartamudas de desconcierto “pero…¿otro hombre? pero… ¡si no ha pasado ni una semana! ¡Maldito vicio sodomita!” Sea como fuere, celebro que esté ya aquí Jokin y yo me pueda quitar de en medio porque soy fatal para las recepciones familiares. El cabezazo que le di a su pobre madre al agacharme cuando no debía, da buena muestra de ello.

Ayer hice mi tarta Guinness para el cumpleaños de Jon. Fue un festival. La idea era que yo me encargara de lo líquido, Simón y Pedro de lo sólido y María de espolvorear estrellitas de colorines, pero al final todos nos metimos donde no debíamos y aquello terminó casi como una fiesta vikinga. Yo medí mal los centilitros, María pegó un buche de cerveza, Simón nos tiró encima el bote de chocolate y nos dejó como los oompa-loompa… en fin. Que visto lo visto, podía haber salido peor, la verdad. Sobre todo teniendo en cuenta que también me equivoqué con el termostato y los primeros 10 minutos la churrasqué a nivel fusión del núcleo. Pero oye, comestible quedó. El bizcocho. La cobertura me quedó como el vómito de una cabra. Cuando pusimos las velas se deslizaron plato abajo como minicolumnitas dóricas en un suelo de magma shiiiiiiummmmmm… Jon se descojonaba vivo mientras nosotros cuatro intentábamos recolocarlas sin ningún éxito. Dijo “No, en serio, es la tarta más bonita que me han hecho nunca.”

Claro que sí, mi amor. Como la pulsera de boloncios de arcilla pintados en purpurina que te ha hecho María. Absoluto, puro y terrorífico amor.