La tribu suicida

Jon me ha whatsappeado cosas bonitas sobre mi blog y me ha quitado de encima la necesidad de reconducirlo. Me ha dicho que siempre he sido feliz escribiendo lo que quiero a mi modo disperso-anárquico-quéhostiatengo, y que por qué tendría que cambiar. Que no debería pensar en los que me leen, ni en seguir indicaciones de gente ajena. Yo, que sigo sin quererme y eso me sitúa en un estado emocional de tocapelotas full-time, le he contestado que así me llevaba a una paradoja porque si le hacía caso también estaría siguiendo indicaciones de gente ajena (las suyas, concretamente). Él ha meditado unos cuantos minutos en línea y luego ha contestado: “Bueno, en realidad esta conversación sobra porque tú vives permanentemente haciendo lo que te sale de los huevos” y me ha puesto un puñado de emoticones de besitos con amor.

Jon es la persona que mejor me conoce en el mundo.

Simón ha tenido una mala caída jugando al fútbol y se ha hecho daño en un tobillo. No es nada grave, pero tiene que guardar reposo. Adiós a lo de caminar a dos pies por lo menos durante quince días. Creí que se pondría triste por perderse los torneos, pero no. Simón está hecho de la pasta de los optimistas. Me ha dicho que estaba contento de poder tener más tiempo para practicar con la guitarra. Jon le ha contado por teléfono que Julio Iglesias empezó a cantar cuando se lesionó jugando al fútbol y Simón ha puesto una ligera cara de pánico. “Bueno…pero yo no quiero ser como Julio Iglesias ¿eh?”

Jon es la persona que mejor me conoce en el mundo y gasta unos ejemplos vitales un poco viejunos.

Ahora tenemos que adaptarnos a la falta de movilidad de Simón, así que todo es un subirle y bajarle por las escaleras p’arriba-p’abajo. María se ha ofrecido a hacerle de minicabify por la casa en su cochecito de pedales, pero hemos preferido limitar su campo de acción solo a la planta baja, porque la vemos perfectamente capaz de volver a lanzarse por las escaleras y tener que desenganchar al pobre Simón de la lámpara del techo de la entrada.

Hemos confiscado ya cuatro veces el cochecito de pedales. De verdad te digo que esperábamos que lo de tener niños con hemiparesia fuera mucho, mucho, pero que MUCHO más tranquilo.