Mesetas

Ya se me ha pasado la tristeza. Los análisis han dado un desajuste severo (me gustan estas dos palabras juntas. Desajuste severo. Todo yo soy un desajuste severo) en los niveles de hormona tiroidea, así que al final era químico y me lo han solucionado cambiándome la dosis. Es terrorífico y maravilloso cuando la tristeza se te apaga con una pastilla. Es terrorífico y maravilloso no estar del todo loco.

Estos días he pasado de la pena a la ira y de la ira a la destrucción. Me ha faltado muy poco para tomar decisiones radicales. Alguna con respecto a la mudanza de este blog. Pero he hecho lo que hacen los sabios (por una vez) y me he limitado a seguir respirando mientras espero que llegue otro día, otra semana u otro mes en el que pueda mirar el mundo con más perspectiva. Mientras seguiré cortando ramas aquí y allá, y saneando mis alrededores. Hace tiempo que tendría que haberlo hecho. Con las primeras señales, supongo. No sé por qué siempre me quedo a la segunda hostia. Debo aprender a confiar en mi instinto y desaparecer más rápido y con menos ruido.

Jon está cociendo uno de sus viajes relámpagos en los que tiene que ir a alguna parte por trabajo y me lleva con él de polizonte sorpresa. Las señales de humo le venían delatando. Había bajado las dos mochilas, había estado hablando en voz baja con su madre, y había estado mirando páginas de vuelos a mi espalda. Pero hoy de las señales de humo, ha pasado a la fogata directamente y me ha pedido que coja cinco días libres. No sé dónde voy. Ni me lo piensa contar hasta que no tenga los dos pies dentro. Dice “es un regalo de amor” y luego me baja el pijama y me muerde el culo. Las mordidas de culo siempre van precedidas por la palabra amor. Es un truco que le funciona bien, porque siempre me confunde cerebralmente entre el ñaca y el cariño, y me quedo en stand by sin saber si meterle el codo en la boca o esperar a la próxima ocasión.

Las pistas del viaje a nosesabe son:

– Peces
– Fuentes
– Un kilómetro
– Coches

Según eso podría desde Villaconejos hasta Cancún, así que realmente lo que se dice pistas, pistas, no son. Pero oye, si se te ocurriera algo… sílbame.