Pequeñas cosas

Ya hemos vuelto de Dubai (sí, al final era Dubai). Se me acumulan los viajes y ya no hago crónicas. Solo tuits dispersos, cómicos y algo plastas. Me he dejado llevar por la inmediatez absoluta. Yo, que siempre soy mejor en las segundas versiones, tchsk… Bueno, es lo que hay. Siempre volveré aquí a encontrarme conmigo, así que no pasa nada. Estoy allí, aquí… estoy en todas partes, como el diablo.

Jon perdió el oremus y me llevó a un hotel de siete estrellas. Fue lujo sobre lujo, con algo de lujo. Lujo desmedido. Lujo sin control. Ascensores climatizados, cortinas automáticas y cafeteras chapadas en oro. Habitaciones de 150 metros cuadrados. Camas redondas (en las que supuestamente nos estaba prohibido ser sodomitas, pero bueno…) con colchas de seda y explosión absurda de cojines. Valet de chambre particular a nuestra disposición las 24 horas. Barra de bar a 20 metros de la cama. Desayunos y cenas de majarajá, servidos con cuberterías de plata. En fin. Oropeles y puñetas. Me he reído mucho en este viaje. Mucho muchísimo. Hemos hecho el tonto todo lo que hemos podido y más. Siempre lo hacemos, pero esta vez nos hemos multiplicado al cubo. Dubai era un sitio complicado en el que no podíamos tener ni la menor muestra de cariño en público. Ni cogernos de la mano, ni caricias, ni abrazos, ni besos más allá de la puerta de nuestra habitación. Así que supongo que nuestra venganza fue volver a tener 14 años. Cuando nuestro vuelo de vuelta aterrizó en Barajas, le agarré el paquete saliendo de la T4. No suelo hacer esas cosas nunca, no soy de natural exhibicionista y escandalizar nunca ha sido lo mío, pero supongo que fue mi último fleco adolescente. El último “fuck off, Dubai”. Para cuando llegamos a casa, ya éramos adultos otra vez. Más o menos. Pedro me dio una palmada en la espalda y dijo “me gusta más cuando estás en casa.” Creo que es una de las demostraciones de cariño más grandes que me ha hecho en su vida. Esa y la de ponerme un tebeo en las rodillas, el día que nos conocimos. Los grandes momentos están hechos de pequeñas cosas.

Tengo que volver al trabajo mañana. No me entusiasma la idea, pero no pasa nada. En el resto de mi vida las cosas van bien. Esta mañana hicimos el amor cuando no había amanecido. Luego me dormí y me despertó un beso en la nuca. Aún seguía sin amanecer. Después bailé con María una canción de Ricky Martin y aprendí a hacer alcachofas rellenas. Él volvió de Zaragoza y me trajo un Mario Bros de la gasolinera. Comí con cava y salí a correr un rato. Hicimos un sprint antes de llegar al río. Me dejó ganar. Me mordió una oreja. Nos sentamos en el sofá a ver Wonder Woman. Me cogió una mano. Cuando Diana saltaba sobre las trincheras, él jugueteaba con mis dedos.

En el resto de mi vida las cosas van bien. Sobreviviremos al lunes.