Música, cine y spritz

La guitarra de Jon ya está restaurada. Hemos estado probándola. O él ha estado probándola y yo haciéndola sufrir. Qué mal toco. ¿Te he dicho ya lo mal que toco? Y eso que al final no le puso el mástil de ocho cuerdas. Pero no importa. Con seis también toco fatal. Se me aturullan los dedos. Mi madre tocaba la flauta travesera y es una de esas cosas que sé pero no sé cómo las sé, porque no tengo recuerdos de haberla oído nunca. Sí recuerdo haber visto la flauta en los baúles del trastero de mi abuela. Junto con sus vestidos de colores y las marionetas del teatro de mi padre. Cuando cuento que mi padre tenía un teatro de marionetas y que mi madre era bailarina del vientre, me convierto un poco en personaje de novela y yo no parezco yo. Lo de las marionetas he empezado a confesarlo hace poco, igual que lo del ballet. No sé por qué no lo decía antes. Porque soy como un castor emocional y pongo y quito diques según soplen los vientos por aquí dentro. Por eso antes me frenaba en la palabra teatro. “Mi padre tenía una compañía de teatro”. Me parecía que así le restaba parte de esa magia que no se merecía. Tampoco ví jamás a mi padre actuar o ensayar, ni sé si lo hacía, pero de las marionetas invadiendo la casa de mi abuela sí que me acuerdo. Eran gigantes (o se lo parecían a mi cuerpo de siete años) y tenían cabezas apepinadas pintadas de naranja. Mi recuerdo de aquellas cabezas de madera con ojos redondos y muertos, es un poco terrorífico. Cada vez que subía al desván, no era capaz de caminar tres pasos más allá de la puerta. La ventana de allí arriba era la mejor para escaparme sin ser visto, porque daba a un tejadillo y me permitía bajar hasta el suelo trepando por la celosía, pero jamás pude usarla por culpa de las putas marionetas, ahí sentadas mirándome con actitud de beberse mi sangre. Supongo que eso me resta muchos puntos como personaje de novela.

Hoy tengo un día bastante feliz. He probado el spritz y es mi nuevo cóctel favorito en el mundo. Tanto que mañana pienso prepararme unos cuantos para ver los oscars. También he comprado arándanos con chocolate, nubes, palomitas, avellanas crudas y conguitos. Y tostadas de pasas para untar con crema de queso azul, así que este es JUSTO EL MOMENTO en el que mañana amanezco con gastroenteritis, me paso el día vomitando y adiós orgía de guarrerías con cine. O de cine con guarrerías. O… algo.

Jon va a quedarse a verlos conmigo. Lo que prometió cumplió. Hoy me ha preguntado si valía verlos con los ojos cerrados, así que calculo que la mitad de la gala la tendré que ver con 100 kilos de músculo vasco dormido encima. Pero bueno, bien. I will survive. Si será por entrenamiento en esas lides…