Del revés

Lluvia y atascos, atascos y lluvia, y un Ariel Nepomuk aún dormido al tercer aviso del despertador. Hemos tenido que salir los cuatro tan deprisa esta mañana hacia nuestros respectivos colegios, que no se nos veían ni los pies. No sé si te he dicho que odio que me despierten. Me da igual si lo hace hombre o máquina. Tengo muy mal despertar y no lo soporto. Si yo fuera Blancanieves, me hubiera comido fritos a los pajaritos esos que le abrían la ventana y me habría hecho un pincho de gamo con los cervatillos. Y el despertador no corre esa suerte porque me costó 10 euros, y porque está en el lado de Jon, que si no… ya habría estallado en un mar de muellecitos y tuercas contra la pared. Por eso me pongo el móvil para despertarme. Porque tengo una excusa para no estamparlo.

Hace mucho que no vengo, así que tengo que poner mis novedades de blog absurdas que no le importan a nadie. Por ejemplo… Jon se ha ido otra vez a triscar por el desierto. No corre ningún peligro y volverá pronto. O eso o me ha mentido para mantenerme en un buen equilibrio emocional. Cualquiera de las dos cosas son posibles.

Más cosas. Ayer me llevé a mis alumnos de danza a ver Billy Elliott. Triunfé, porque se emocionaron, se identificaron y lo vivieron con los cinco sentidos, así que Nepomuk 1 – Factores en contra 0. Me lo pasé muy bien viéndoles descubrir el teatro musical. Una de las niñas flipó porque en el foro había una orquesta “de verdad.” No sé qué son exactamente las orquestas de mentira. ¿Algún chisme con Spotify una tecla de play? He visto que en octubre estrenan West Side Story. Si me quedan ganas y fuerzas (y pasta), creo que emprenderé otra cruzada. Si no para estos, para los otros. Porque ahora tengo otros. He aceptado otra clase, en otra academia, para otro grupo. Este de 14-15 años. Era una locura imprevista, con muchos visos de fracaso y que no me apetecía una puñeta, así que me he lanzado de cabeza y sin dudar.

Mira… es una mierda estar hecho del revés. Uno se pasa la vida caminando en dirección contraria. Con la cabeza gritando NONONONONO y los pies saltando en un CÓMOQUENO, CÓMOQUENOOOOOOOOOOOO…

Estaba pensando esta mañana que no podría estar sin mi nepoblog de tonterías. Que sigo y seguiré escribiendo porque nunca me autoimpondré la obligación de hacerlo. Las obligaciones lo estropean todo. Convierten los placeres en trabajos. Apagan las magias y lo pintan todo de gris.