Autocontrol

Mi alumno confeso va liberando su gayez a la par que sus hormonas y anda estos días histriónico perdido. No sé cómo controlarle un poco el descontrol, ni sé siquiera si debo hacerlo. No me pega nada lo de meterme en las liberaciones ajenas, pero la verdad es que la córeo no está pensada para interpretarla a lo Beyoncé y cuanto más perfecto cree estar haciéndolo, más la destroza, el pobre. Hoy su sufrido compañero de número se ha tirado toda la hora intentando seguirle como uno de esos monitos de cuerda que tocan los platillos hasta la muerte. Yo me comía los muñones desde las butacas gritando más despacio-más despacio-MÁS DESPACIO y él nada. Desatado. De verdad que no sé cómo afrontarlo. No con un adolescente. ¿Qué sé yo de eso? Ni me acuerdo de mis quince años. Siempre he estado loco y poco más. Mañana intentaré tener un momento para hablar con él y reconducirle. No sé cómo ni exactamente con qué. “Hugo… tendrás muchos momentos para poder ser Liza Minnelli. No elijas este.” “Hugo… liberarse está muy bien. Liberarse fuera de clase, mucho mejor.” “Hugo… es danza clásica. Que viene de danza y de clásica. Deja los volatines para el flamenquito, por tus muertos te lo pido.” “Hugo… no se puede pasar de Pablo Alborán a RuPaul en dos días. Vamos al término medio.”

Yo qué sé. ¿Hay algo que no te suene homofóbico? Porque no tiene nada que ver con ser gay, ser heterosexual o ser pastor de cabras en Sidi Ifni, sino con mantener el control sobre ti mismo. La gente dice mucho que la adolescencia está para hacer locuras, pero yo no estoy del todo seguro. A mí me parece que para hacer locuras está la madurez, que es cuando ya puedes pasarte el mundo por el forro de los huevos y todo seguirá igual. En la adolescencia es como si todos los dedos del universo te señalaran y todos los ojos te vigilaran. Y qué quieres que te diga… ahí es precisamente cuando el autocontrol resulta vital para no hundirte y no empezar a odiarte con las primeras flechas que te disparen los idiotas.

Estoy pensando que lo de decir que siempre he estado loco y hablar de autocontrol adolescente me ha quedado muy paradójico ¿no? Bueno… es que lo mío siempre ha sido una locura medida. Una locura con vaso dosificador. Ya sabes. Por aquello de que mi prioridad siempre era mantenerme vivo.