Cntrl+Z

“Estoy agotado. No recuerdo por qué dos funciones simultáneas me pareció en su momento una buena idea. No sé por qué me flipo tanto en mi vida. Necesitaría un botón para regularme la intensidad.”

Tuiteado hace media hora desde el autobús. La verdad es que necesitaría más de un botón regulador y más de siete. La verdad es que necesitaría mil. Todo un cuadro de mandos atornillado al culo. Y Cntrl+Z. Montañas y montañas de Cntrl+Z para deshacer todas mis flipadas. Como lo de coger dos clases. Como lo de montar dos funciones. Como lo de comerme esos dos últimos palmerones de chocolate. Como lo de tirarme monte abajo con la bicicleta. Como lo de…

Bueno, mejor retrocedo dos pasos el post porque esto podría no tener fin.

Ya está controlada la córeo de mis alumnos de 11 y más o menos lista la de mis alumnos de 15. Me quedan vestuarios, escenografías y ensayos sobre el escenario. Y tengo cuatro semanas. No quiero ni pensar lo que será de mí el año que viene, cuando me matricule otra vez en la facultad. Me miro al espejo y me digo “algo tendrás que abandonar, compañero”, pero en cuanto me doy la vuelta me saco el dedo corazón “una mierda. Ariel Serlik no abandona JAMÁS.”

Ariel Serlik lo lleva claro.

El último verano que pasamos en la casa del Tiétar, teníamos una vecina escocesa flipada que todas las mañanas solía sentarse muy temprano en una silla de plástico en el jardín y quedarse allí inmóvil con los ojos cerrados durante una hora, como un lagarto en estado catatónico. Como aquella era la hora predesayuno en la que yo solía salir a la piscina a nadar un poco antes de que se despertara la marabunta, a veces no me daba ni cuenta de que estaba allí la vecina-catatónica y me lanzaba en bomba al agua (Cntrl+Z), dándole a la pobre mujer unos sustos de muerte. Una de las veces que fui especialmente ahivadiós, asomé por su jardín y le pedí disculpas, y ella me dijo que no me preocupara. “Es que aprovecho este momento para mi hora de meditación diaria. Cuando no puedo meditar, llego al final del día mucho más nerviosa y angustiada ¿sabes? a mí la meditación me salva la vida.”

Cuando estoy nervioso, me falta tiempo, o directamente me apetece meter la cabeza en el armario y morder una zapatilla, me acuerdo de la vecina escocesa flipada sentada en su silla de plástico. Igual es eso lo que me falta ¿sabes? Meditación. Igual yo también debería levantarme una hora antes, y permanecer en estado catatónico sentado a los pies del aligustre, entre perros, grillos y moscardones, dedicándome única y exclusivamente a la meditación.

Eso si supiera exactamente en qué coño consiste la meditación, claro…

Le dije a Jon que cuando volviera de trabajar, saldría a correr con él por el monte. Me pareció tan buena idea como lo de las dos funciones simultáneas. Mostré todo mi entusiasmo matinal. “ASÍ EMPEZARÉ A CUIDARME COMO ANTES, JON ¿VALE? TÚ VEN PRONTO Y SALIMOS ¿EH, JON? ME PONGO LAS ZAPATILLAS Y CORREMOS MONTE ARRIBA ¿EH? VA A SER SUPERCHUPI, JON. ¡NO VALE RAJARSE! ¿EH? QUE ME VENDRÁ FENOMENAL, JON…”

Cntrl+Z… Cntrl+Z… Cntrl+Z…