El plan

Me construí una vida para estar solo. Es la verdad. Contaba con ello. Desde que era pequeño. No me pareció terrible, ni demoledor. Había que prepararse para ello, porque todas las personas que conformaban mi vida iban cayendo como peones de ajedrez. Creo que empezó cuando murió mi hermano y que se materializó cuando conocí a mi padre. Fue entonces cuando tuve conciencia del futuro. Cuando empecé a trazar el plan. Estar solo. Ser feliz estando solo. No necesitar a nadie. Reinventarme. Sobrevivir. Apañarme. Podemos hacerlo. Pues claro que podemos, no me pongas esa cara. Podemos de sobra, no te inventes excusas. Lo decía Nate Ruess en su canción: We are shining stars /We are invincible / We are who we are on our darkest day. Podemos hacer lo que queramos, en el escenario que queramos. Es la realidad. El poder de decisión es lo único gratis e intransferible que tenemos en esta vida, en realidad. Si eres lo bastante lúcido, si piensas lo bastante frío… podemos ser lo que elijamos ser. Lo demás son debilidades, excusas, miedos… Y bueno, yo tuve que reinventarme para estar solo. Esa era mi situación y no tenía visos de cambiar, así que… Me pareció ok. Me miraba en el espejo oxidado de Los Mostenses y me decía aquella frase del libro de Brooks: “Llorando solo se pierde el tiempo.” No era una vida maravillosa, no era el chico más feliz, pero era mi vida, era yo…Había que programarse para lo que viniera y adaptar la felicidad a lo que viniera. ¿Estar solo? pues estar solo. ¿No eres perfecto? pues no eres perfecto. ¿Nos falta una pierna? pues nos falta una pierna. Estar vivo era lo importante. Lo demás había que adaptarlo.

Así que ahora… viene todo esto y estoy aquí, contigo encima, viendo esta película, bebiendo de estas copas, oliéndote el pelo, enredando tus dedos, viendo el 33 de tu camiseta y pienso “joder…qué sorpresa. Quién me lo iba a decir…”

Cuándo dejarás de pretender planificar las cosas, estúpido Ariel Serlik.