Sí, quieren

Los tengo a todos haciendo estiramientos para ya cerrar la clase, así que voy a aprovechar para escribir dos tontás y publicarlas desde el autobús. Sigo preocupado por el gatovaca. Me he acercado a mediodía a casa para echarle un mimo y cepillarle un poco. Se ha zampado una lata de las grandes él solo, lanzándose al comedero como un esquizofrénico. Creo que la teoría de los dientes pochos gana posiciones. O eso, o nunca vi a ningún gato enfermo con ese apetito de jabalí. Con el cepillado, ha mejorado un poco. Menos despeluchado. Me hubiera gustado llevármelo de vuelta al trabajo y tenerle allí, durmiendo encima del mac, como cuando me pongo a dibujar en casa. La verdad es que me hubiera dado bastante más conversación que mi becario.

Sí… el becario también sigue igual. Hoy alguien le ha preguntado si tenía novia. Ha hecho lo de siempre. Levantar cabeza-mirar fijamente-decir “No”-bajar cabeza-seguir trabajando. No me ha extrañado mucho que no la tuviera. Es de ese tipo de personas que mata las energías de cualquiera, la verdad. Por la oficina empiezan a burlarse de él y a llamarle “Bob el silencioso.” Era de esperar. Nada más depredador que un grupo de personas en la treintena-cuarentena que lleve más de diez años trabajando juntos. En cuanto llega el rival más débil, se lanzan a colmillo como lobos. Lo bueno: que enseguida se cansan. Lo malo: que hasta que se cansan tocan mucho los huevos.

El mes que viene se casan dos amigos nuestros. Va a ser la boda más cursi del mundo. En serio. No quiero decir que es demasiado marica porque luego Jon me llama homófobo y me castiga con manzanas, pero es que ES demasiado marica. Cada detalle que nos van descubriendo nos eriza más las cejas. Música de arpa y pompas de jabón para recibir a los novios… cucuruchitos dorados de pétalos de flores para ir arrojándolos por la alfombra como si fuéramos Heidis de subidón… hasta seis temas de cantante lírica, arpa y violín para la ceremonia… un chihuahua vestido de puntilla y blonda para llevar los anillos… Terrible. Todo como de pesadilla Candy-Candy rebozada de Marshmallows. A ellos dos los aprecio bastante porque son de los pocos amigos de Jon que le apoyaron con entusiasmo cuando comunicó que se casaba conmigo, así que intento devolver ese apoyo y, por supuesto, recibo cada detalle de la cursiboda tragándome mis sapristi, y dedicando mi mejor cara de paisaje para asentir y decir “aham…” Estos días estoy descubriendo la cantidad ingente de expresiones neutras que puede uno decir para disfrazar un sapristi con elegancia. Ya sabes. De esas en plan: “Anda…” “Fíjate…” “Ah, qué original…” “Caray…” “Ah, sí, sí…”

“Pues yo entraré con un frac blanco con pajarita de gasa, mientras suena el Ave María de Schubert.” “Anda…”
“Hemos cosido un cojín de raso con dos cascabelitos de plata al arnés del Chimichurri para que lleve los anillos.” “Fíjate…”
“Habra mil grullas de origami formando una cúpula con forma de corazón en el techo, con nuestras iniciales.” “Ah, qué original…”
“Todos los invitados tendrán un pompero plateado para que nos reciban con una lluvia de pompas de jabón multicolores y pétalos de flores…” “Caray…”
“Bajará del cielo un tuno vestido de ángel alado cantando a Ed Sheeran con una bandurria dorada labrada a mano por unos monjes ciegos…” “Ah, sí, sí…”

Vale, sí. Lo del tuno me lo he inventado. Pero también te lo digo; quedan todavía cuatro semanas . Aún TODO es posible.