Deberes y no haceres

Como él es muy alto y yo soy muy bajito, cuando me siento aquí en su mesa a escribir me cuelgan los pies como un muñequito de ventrílocuo, así que hago un tronc-fluuuups y bajo a la silla a mi altura, olvidándome de dejarla después como estaba. Luego por la noche llega él, se sienta, se mira las rodillas y dice lo de los tres ositos: “Mh… Alguien se ha sentado en mi silla…” Debería irme a escribir a la buhardilla (mi blog, mi guarida), pero es que me ha dado un ataque lemur esta tarde y ahora mismo apesta a pintura, así que pasarme allí más de diez minutos sin mascarilla puede terminar en colocón. No tenía que haberme flipado tanto, pero es que el jueves ya iré a trabajar y estoy rascando mis últimos momentos de o rei y señor de la casa. Esta mañana me levanté temprano para llevar mi pis contaminado (o no) al laboratorio y pensé “voy a aprovechar para ir a comprarme ropa interior y pijamas, y luego cuando venga dibujaré la viñeta del jueves, cocinaré para la semana, regaré el jardín, limpiaré los areneros y terminaré mi mañana de lunes con un montón de deberes terminados.

Acto seguido me abrí una cerveza, terminé de ver una serie, miré unas plantillas por internet, diseñé unas cuantas, me calcé el peto y la mascarilla, saqué la caja de los spray, y me puse a pintar lemures. Y así hasta hace un par de horas. El móvil, la bandeja de la comida y el tirador de la cocina están manchados de pintura morada. Yo estoy manchado de pintura morada.

Soy difícil de querer ¿no?

Hoy he descansado de ensayos. Esta semana tengo las dos funciones, así que les toca respirar un poco, para que no se las tomen demasiado en serio. Los pequeños la llevan impecable y los mayores no tanto, pero bueno. Se hará lo que se pueda.Tuve una minidiscusión con el imbécil de la catequesis porque opinó que podíamos cobrar una entrada simbólica. Les dije que si se cobraba entrada, no actuábamos. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue decir “como cobren, las compro yo todas y dejo la sala vacía” pero no tengo dinero para tanta chulería, así que me limité a plantarme. Ya tienen un bar donde van a cobrar sus mierdas de cocacolas, sus palomitas y sus perritos calientes. De verdad que… con la iglesia hemos topado. Nunca más. Al final el albino que lleva las actividades terció y dijo que no, que no se podía cobrar a las familias. Luego estuve contando butacas y son un montón. Si cobraran entrada podrían sacarse una pastuqui para compensar mi tabarra. Suponiendo que llenemos 3/4 partes, que lo dudo mucho, mucho, muchísimo. De hecho, para que no se note tanto el vacío existencial, voy a empezar a invitar a la función a todos los mirones que vienen a los ensayos. Son como lechuzas inanimadas y extrañas, pero harán bulto.

Ya está todo el vestuario listo, cosido y preparado gracias a madres, padres, y los propios alumnos. Me faltan tontunas del atrezzo. Estoy sorprendido de mí mismo por la pachorra con la que me lo estoy tomando. Aunque también estoy seguro que si me faltaran veinte mil cosas y tuviera que sacarlas entre hoy, mañana y el miércoles, igualmente, me hubiera pasado todo el lunes pintando lemures. Para las obligaciones soy talmente un bicho-bola. Cuanto más me empujan, más me encojo y más ruedo sobre mí mismo en un eterno alehop.

Anteayer estuve en el concierto de Queen con Alam Lambert. Fue mágico e increíble. Creo que me impliqué en el show por encima de mis posibilidades, porque aún estoy afónico y tengo agujetas en la clavícula. Jon se ríe mucho con eso. “¿Qué demonios hiciste con la clavícula?” No lo sé tío. We are the champions, my friends.