Invencibles

Mañana sedan al padre de Gus. Al final todos caemos. Duros, semiduros y blandos. Todos al mismo sitio. Por eso es tan importante en esta vida que nada sea importante en esta vida.

Le he vuelto a llevar al hospital en la moto porque Jokin sigue aún en Mogadiscio. Me siento un poco intruso metiéndome en esos momentos tan íntimos de una familia que me es ajena, pero Gus me coge la mano en el ascensor y me dice “no me dejes solo, por favor, entra conmigo” y ahí a ver qué voy a hacer… pues entrar, claro. Y estar ahí con el moribundo, con cara de vaca mirando al tren. Doy dos pasos hacia atrás… me pego a la pared… me meto las manos en los bolsillos… e intento mimetizarme con el color gris pedo de las paredes.

El enfermo hoy estaba espabilado. Macilento, cadavérico, con respiración fatigosa, pero espabilado. ¿Sabes qué es lo último que le ha dicho a su hijo Gustavo? pues le ha mirado, ha apretado los puños y ha dicho “¡ROSA! ¿QUÉ HACE ESTE AQUÍ? ÉCHALO FUERA”. Eso. Eso ha dicho. Con toda su rabia y todas sus últimas fuerzas. Esa frase es el último recuerdo que se lleva Gustavo de su puto padre. Ah, pero no ha sido el único. Su madre nos ha acompañado al ascensor cuando nos íbamos y le ha dicho “el sello de oro de papá es para tu hermano ¿eh? papá lo quiere así.”

He llevado a Gustavo todo el viaje de vuelta llorando sobre mi espalda en la moto. Cuando he parado en el garaje, le he cogido la cabeza con las dos manos y le he dicho “eh, tío… tristeza no. Tristeza nunca. Si te pisan, odia. Levanta la cabeza. Siente la rabia y levántate.” Él me ha dicho “yo no soy así, Ari…” No le he insistido más. Él no es así, es verdad. Yo sí. Supongo que él es bueno y yo no. Yo no lloro. Yo no me hundo. Yo no perdono. Yo siento rabia. Yo me apago el fuego, recompongo mis cenizas y me reconstruyo de ellas. Pero llorar… ¿llorar? nunca. La tristeza te nubla, te debilita, te anula. La tristeza jamás. Si te pisan, siempre, SIEMPRE, levántate, escupe al suelo y utiliza la rabia de motor. Nada de hundirte. Nada de llorar. Que les jodan. Que les jodan a todos.

Le he dicho a Gus que cenara con nosotros, y ha venido con su perro salchichón. Jon ha hecho unas verduras en la barbacoa y unos pinchos. En un aparte me ha dicho “Ari, deja que él viva su duelo como tenga que vivirlo, ahora solo tenemos que apoyarle y mantenernos al margen”. Jon es mucho más racional y sensato que yo. A mí se me escapa la pasión por las costuras y no siempre es lo mejor que te puede pasar. Hemos preparado una jarra de cava, vodka y piña. He he hecho un brindis. “Por todos  los hijos de puta invencibles del mundo”. Jon me ha dado con la zapatilla por debajo de la mesa.

We are shining stars
We are invincible
We are who we are
On our darkest day