Ya

Hola blog. Ya he estado en la cuquiboda. Fue más cuqui y más boda de lo que esperábamos, pero nos reímos mucho. Mucho. Muchísimo. Todo. No sé si haré crónica. Quizá mañana. Hemos conducido cuatro horas, Jon ha tenido que irse porque tiene noche de guardia, se me ha roto el climatizador de la buhardilla (donde justamente estoy sentado ahora mismo al ordenador), en fin… las circunstancias no son las más mejores para ponerme a relatar ahora, me temo. Pero aún así quería volver para agitar las manitas en un «hola, estoy aquíiiii…»

Lo del climatizador es bastante catástrofe. Lo de elegir la buhardilla como arielguarida también. Cada verano el mismo infierno. Temperaturas de 38ºC aquí arriba por las tardesnoches contra las que no puedo luchar. Me explicó Jon veinte veces por qué instalar aire acondicionado en esta zona supone una obra del copón. No sé qué de verticalidades, chimeneas y puñetas. Pero luego me compré el cllimatizador y la cosa mejoró bastante. Y llega el maravilloso domingo, y el climatizador se rompe. Empezó con un chígulu-chígulu y terminó con un bzzzzz. Y nada. Muerto. Kaput. Ahora Jon está de guardia hasta mañana por la noche y yo estoy asándome a fuego lento en mi jugo, con un ventilador que solo distribuye aire caliente. Podría bajar al salón, ponerme debajo del split de aire y continuar con esto en mejores condiciones, pero también tengo a un adolescente y un preadolescente (salvador del planeta y enemigo de los aires acondicionados), jugando en la televisión grande a videojuegos. En realidad tengo muchas cosas. No puedo quejarme de todo lo que tengo. Hay vidas mucho más pobres. La mía hace diez años, sin ir más lejos.

Estoy bastante contento. Faltan 27 días para mi cumpleaños (y para el de Ana. Hola Ana) y tres semanas para irnos de vacaciones a Gerona. Con las vacaciones ando un poco así-así. Por un lado felicidad y por otra preocupación porque pasaremos una semana de vacaciones en un hotel sin los perros. No estarán mal, se los llevará mi suegra a la parcela y podrán correr y destrozar cosas, pero… bueno… somos tribu y la tribu también son los perros. Es como irnos sin una mitad. Jon dijo que le apetecían unas vacaciones de playa en plan genial donde nos lo dieran todo hecho. Dijo que cuando volviéramos, nos llevaríamos a los perros a Zarautz para que tuvieran también su momento de triscada playera feliz. A todos nos pareció razonable. Simón dijo «una semana pasa pronto», Pedro añadió «me gustan los hoteles porque están muy limpios» y María dio sus habituales brincos «¡¡NOS VAMOS A LA PLAYIAAAAAA!!» Sin embargo, se va acercando el momento y cada vez que me mira Matraka por las mañanas, pienso «jo…»

Ya. Soy un poco pedorro con esto de los sentimientos de culpa. Va incluido en el pack.