Verano

Mañana celebramos el cumpleaños de Pedro. En mi compra de «chorradas que debe haber en un cumpleaños» he comprado una piñata. No para Pedro, claro. Pedro cumple 14 años y se pasa las piñatas por sus incipientes huevos. La piñata es para María. Porque fiel a la naturaleza de nuestro preadolescente walpurgis, en la fiesta no va a haber más invitados que nosotros. Su familia v.02. Sus cuatro del apocalipsis. Así que esta mañana me dio el flipe de las 11:45h. y pensé «tengo que comprar una piñata.» Cuando salimos a tomar el café, me fui directo al chino y compré una bastante cutre de la Patrulla Canina. Craso error, porque María es una niña-dinosaurio muy particular (como el preadolescente walpurgis) y no ve dibujos animados. Y no por falta de esfuerzo paterno, ojo. Que yo me he dejado sangre, sudor y lágrimas por intentar que se aficionara a Disney, Pixar, Looney Toons, Hanna&Barbera y su puta madre en patinete, pero no hay nada que hacer. Es empezar la musiquita, y María se nos dispersa. Empieza a mirarlos… se levanta… se vuelve a sentar… aguanta dos minutos… se vuelve a levantar… desaparece… Si no hay vaqueros, indios, caballos y tiros… María pasa. Pero como todavía hoy por hoy no hacen piñatas de John Wayne, pues nada. Patrulla Canina. Ahora mientras pienso como tunear la puñetera piñata, gasto mi último esfuerzo en ganar su interés por los perritos parias. «¡MIRA MARÍA, PERRITOS POLICÍAS!» «Sí…» «¡PERO QUÉ BONITOS SON LOS PERRITOS POLICÍAS! ¿¿HAS VISTO?? ¡LLEVAN GORRA Y CASCOS!!» «Sí…» «¿¿NO TE FLIPAN LOS PERRITOS POLICÍAS??» «Son más monitos los dinosaurios y los polos de cocacola.»

Piñata de polos de cocacola. Esa era la idea. No sé cómo no se me ha ocurrido antes. Vale. Bien. Soy ese chico que va a pasarse la noche dibujando dinosaurios y polos para tunear una piñata de los chinos. Ser padre disfuncional era esto.

Además de la piñata, he comprado globos, tarta de queso, fanta de limón, ganchitos naranjas y ensaladilla rusa. Y ahí acabo de enumerarte todas las cosas de cumpleaños que más apasionan a Pedro. Bueno, los globos no. Los globos son aportación mía. Los llenaré de agua y montaremos una batalla entre el equipo «niñas punki» y el equipo «ensaladilla’s warriors».

Odio el calor, las hormigas, los pantalones bermudas y las terracitas de bareto urbano, pero debo reconocer que todas mis gilipolleces, en verano, alcanzan una nueva perspectiva.