Casiplaya

¿Sabes que estoy a tres días de coger las vacaciones? ¿sabes que estoy a diez de irme a la playa? ¿sabes que estoy a once de cumplir 29 años? ¿sabes que acabo de ver que estoy en números rojos por culpa de la matrícula universitaria para el curso que viene?

Sí. ya. Ya sé que la última pregunta no tiene ninguna relación con las anteriores, pero es que estoy con un ligero minitrauma hasta que cobre la paga extra y me concedan (si es que me la conceden) la beca de mi empresa. El asunto me sube un poco la bilis. Yo hoy por hoy puedo pagar la matrícula. Pero ¿qué pasa con las familias que no pueden? las becas no son suficientes y los plazos no son solución. Estudiar nunca debería ser un lujo, sino una necesidad. Pensar en ello me cabrea. Y no puedo cabrearme porque ME FALTAN TRES DÍAS PARA COGER LAS VACACIONES y ya estoy en esos últimos momentos pacíficos laborales de rascártela a dos manos bajo la promesa del “ya lo haré a la vuelta.” Hoy me he pasado la mitad de la mañana dibujando monigotes en 8 bits. Me he acordado de aquellas épocas primigenias de blogspot, de plantillas negras horrorosas y diseños superhorteras, en las que Nostronauta y yo dibujábamos las etiquetitas de enlace a otros blogs, píxel a píxel. Era un coñazo supremo, pero aprendí mucho. Recuerdo todos aquellos blogs “intensos” llenos de pensamientos metafísicos y poetas trágicos en ciernes. No nos portábamos muy bien con ellos, la verdad. De todo lo cursi hacíamos risa y más de una colleja nos cayó (que no nos calló). Pero bueno… cada uno debe ser fiel a su sitio en este mundo, y yo vine a la blogosfera solo para la risa. Para llorar y hacer llorar, me habría quedado escribiendo a solas en mis 245.000 cuadernos de espiral. La verdad es que en ese sentido no he llegado a madurar demasiado (no sé si decirte que te alegres o que me compadezcas), pero la cosa por estos lares ha cambiado bastante. Ya no hay tanta intensidad, ni tanto poeta. Se acabó la época de escribir y leer, y llegó la de verfoto-pasarfoto. Ya no importas mucho si eres ocurrente o divertido, pero lo importas todo si eres guapo o te bebes un cóctel a la orilla del mar con 18 amigos hipersonrientes a los que probablemente, en realidad ni caigas bien.

Tengo un compañero trabajando aquí conmigo que es una fiera del instagram. Se pasa la vida publicando fotos suyas en diferentes trajes, posturas, mohines y escenarios. Está en boca de todos (no en plan bien) porque respira homosexualidad en cada foto, pero a mí siempre me ha resultado simpático porque parecía pasarse todas esas opiniones por el forro de los huevos. Sin embargo, miro su instagram y no le encuentro por ningún sitio. Simplemente, allí dentro no hay nada de él. Esa no es su cara, ni ese es su cuerpo, ni esa es su vida. Nada de lo que allí se quiere mostrar forma parte de la realidad. Ni siquiera lo escrito. “Responsable de formación en visual-merchandising de moda masculina”. No. La verdad es que no. En realidad solo enseña a los vendedores novatos cómo colocar una pila de camisas. Pero eso no puede ponerse en un instagram de forma que suene cool, así que… esta mañana cuando le he visto posando descoyuntado contra un muro de grafitti callejero, mientras la compañera sufrida de turno le hacía una nueva foto que transformar con 28 filtros embellecedores, he pensado que quizá no sea del todo cierto que se pase las opiniones de los demás por el forro de los huevos. Que probablemente sea todo lo contrario, y las opiniones de los demás sea lo único verdaderamente importante  y primordial que haya en su vida.

Hey… diez días para irme a la playa. Diez días. Necesito un flotador de rueda gigante, un snorkel, una pelotita de goma, una red de cangrejos y unas chancletas verdes. Y ya. Kit playero nepotonto al completo.

¿Dónde demonios venden flotadores de rueda gigantes?