Pedro y el arranque

Por las mañanas rindo un poco, porque tengo un compañero de media jornada bastante cerca, que me mira fijamente con expresión de oveja. Pero a partir de las 15:00h. que me quedo solo en mi chiscón… estoy desarrollando casi superpoderes en el arte de rascármela a dos manos. Lo bueno: que puedo ser pesado y volver aquí a llenar los nepomundos de monigotes. Lo malo: que (efectivamente) soy pesado y vuelvo aquí a llenar los nepomundos de monigotes. Sea como fuere, debo aprovechar estos días raros de agosto. Pronto llegará el otoño. ¿No me crees? ¿Te parece que aún falta una eternidad de playa y chiringuito? Mira los amaneceres. Cada vez hay menos luz cuando suena el despertador. Para mí Julio es verano, agosto el escalón de bajar, y septiembre, ya directamente la puerta. Pronto empezará el curso, y tendré que volver con mis alumnos de danza, retomar la carrera, trabajar la jornada completa y yo ya no seré yo, sino que seré ese que cruza la puerta de casa arrastrándose a las once de la noche de cada día laborable, preguntando qué hay de cenar.

O no preguntando nada, porque he vuelto a adelgazar y Jon me ha puesto otra vez a régimen sano de proteínas y buajs.

Bueno, yo venía a contarte que Pedro está enamorado. A su manera disfuncional, pero más o menos enamorado. Le gusta una chica de su clase. Gordita, chiquitita, con gafas. Toda rizos. Me la enseñó ayer, en el más absoluto secreto y la más absoluta confidencialidad, cuando la chica paseaba con su perro junto al río. Le faltó darme una pajita para respirar y pedirme que me escondiera bajo el agua, así que intenté estar allí sin estar. Ya sabes… paseando distraídamente como si aquello no fuera conmigo, dando pataditas a las piedras, observando por el rabillo del ojo con cara de no estar observando por el rabillo del ojo… La chica le saludó con bastante vivacidad y él le devolvió el saludo como un capullo. Sin mirarla casi y con un golpe de cabeza malhumorado. No sé si fue una pose porque yo estaba allí, o si siempre tiene la misma actitud con ella, pero si es lo segundo (cosa que me temo) tiene bastantes más posibilidades de ligar con la encina bellotera del jardín, que con ella. Quiero ayudarle. Los tonteos compartidos dan mucha autoestima y a los 14 años todos tenemos bastante déficit. Pero Pedro es como un campo de minas. En cualquier momento estiras el dedito del pie haces un pif-pif y barrabumba. Así que no sé bien por dónde empezar para que ella le mire más de dos veces. De ponerle guapo ya se está encargando Jon con su entrenamiento y de ponerse listo se encarga él solo desde hace tiempo (planetario más, planetario menos). Así que… ¿cuál es el siguiente paso a tener en cuenta? ¿volverle un poco más simpático? Pues mejor vayamos buscando templos de vestales para  encender el pebetero de los ruegos imposibles, porque de verdad… en eso no sé ni por dónde demonios empezar a escarbar.