Deseos y mortadelas

Buenos días nos dé Dios (o el diablo). Estoy más muerto que vivo. Creo que he dormido unas cuatro horas. Quizá incluso tres y media. En mi insensatez, anoche no me pareció tan mala idea lo de ir a ver la lluvia de Perseidas, pero cuando ha sonado el despertador he caído de golpe en el otro plano vital. Ese en el que las locuras dejan de ser cosas guais y se transforman solo en locuras. Jon hoy no trabaja, porque se ha tirado todo el fin de semana de guardia, así que he salido de casa dejándoles a todos dormidos como ceporros. Para ellos no ha supuesto tanta catástrofe lo de salir anoche hasta las 3.30h. para ver estrellas con el telescopio. Yo hoy iré muriendo de a poquito según vaya avanzando el día. Ahora mismo son las tres y poco y ya estoy bastante muerto. Y con trabajo. ¿Por qué me hacen trabajar en agosto? nadie trabaja en agosto. En agosto no hay Madrid. Ni siquiera se leen blogs en agosto. Ahora mismo, yo me leo y yo me escribo. “Hola Ariel” “Qué tal, Ariel, cómo lo llevas…” “PUES MAL, ARIEL… MAL.”

Bueno, mira… mereció la pena. Fue bastante mágico e increíble. Cientos de estrellas rayando el cielo. En seguida me castigaron sin telescopio por hacer el payaso (cortesía de nuestro niño walpurgis) pero casi fue mejor porque de todas formas soy un negado y cuando miro no sé ni lo que estoy viendo. Y aunque soy un negado de los que se callan o incluso fingen (“OH QUÉ BONITO CUÁNTAS ESTRELLAAAAAS…” “Ari, estás enfocando un pino…”) la verdad es que Pedro no se caracteriza por su paciencia, así que María y yo nos tumbamos en una roca plana, nos hicimos un rebujito con las mantas y vimos montoooooooones de perseidas caer sobre nuestras respectivas cabezas, mientras los otros tres astrónomos serios disfrutaban de una visión mucho màs profesional. Al principio estuve pidiendo deseos. Aunque las cosas no me vayan mal, lo cierto es que tengo unos cuantos. Seguir con los huesos fuertes. Una buhardilla más grande. Más tiempo libre al día para perderlo. Que mi libro salga bien a la primer. Un herpes zóster para mi jefe. Qué se yo. Cositas de las que me harían feliz. Pero luego ya se me acabaron los deseos, las estrellas seguían cayendo y tuve que ponerme a improvisar algunos inventados, tipo “DESEO UNA TUNELADORA CON CONTROL NEUMÁTICO Y LÁSER SITUACIONAL DE PRECISIÓN”. No sé. Por no despediciar la oportunidad. María por su parte lo tuvo mucho más fácil, porque simplificó y se dedicó a hacer combinaciones de las diez cosas más importantes para ella en el mundo. Eso nos llevó al final a algunos surrealismos tipo “¡DISEO UN JOHN WAYNE DE DINOSAURIOS!” pero no importó demasiado, porque María es María y el universo ya se la conoce y no se la toma muy en serio.

Por lo demás, Pedro y sus amores secretos siguen igual. Llevamos ya dos tardes paseando a Matraka por la linde del río para ver si coincidimos con la chica gordita de las gafas, los rizos y el perro rata (en vista de mi éxito en redes, se me ocurrió que igual era más factible acudir a la vieja usanza) pero no hemos vuelto a coincidir con ella. No me extraña en absoluto. Estamos en el puente de la vírgen de nosecuántos (¿Paloma? ¿Carmen? ¿Remedios?) y Madrid es un erial. Por las mañanas en carretera solo vamos los autobuses verdes y yo. El resto de la provincia está toda en la playa. Que es donde estaremos nosotros en cuanto Simón vuelva a tener dos pies.