Y ya

Ya ha venido Jon y el universo se ha reestructurado. Siento mucho dejar en los hombros de Jon toda este peso específico y esta carga emocional tan puñetera, de verdad. Siento que cada vez que me llama desde allende los países, me salgan los ojos de huerfanito hambriento apaleado, y que me salgan llagas en la boca, me duela el estómago, se me destiñan los calzoncillos en rosa y los perros ladren al buzón. Siento que de pronto se aleje la furgoneta y ya todo sea buaj. Decía él el otro día que yo no parezco duro, pero que lo soy. Eso es cierto. Soy duro y resistente. Y sé que si me faltara Jon seguiría adelante igualmente (anda que no lo hice antes veces y veces), pero es que me abrazo a lo cómodo, como un majarajá del amorcito guais. Me abrazo al “contigo aquí todo me funciona mejor.” Es como si así se simplificaran un montón todas las angustias. Y aunque soy consciente de mi morro, hoy por hoy, me parece una puerta de salida maravipenda y fantabulosa. Y oye, hasta que me la quiten (si me la quitan) pues la seguiré usando tan pichi. Con mi morro y mis chimpunes.

Lo de las llagas es verdad. Me quemé con sopa agridulce hace una semana y se me formó un ampollón en la zona que ha ido infectándose y volviéndose más y más jodido. Y con la bajada de defensas y la subida de ñoñería, mi boca terminó convirtiéndose en la guarida de Sauron. Llevo tres días bebiendo todo con pajita y malcomiendo entre uyuyuys. Ayer un filete ruso con tomate me enseñó todas las constelaciones de nuestra galaxia y parte de la de otro. Cuando ya no pude más, pedí auxilio en la farmacia y me dieron un gel con pitorrillo para untar, pero el primer día me clavé el pitorrillo y terminé aullando en el suelo como un chihuahua, así que ahora me lo aplico con la yema del dedo índice. Tenías que verme cada vez que me lo doy. Parezco un siluro colgando de un anzuelo.

Y no solo ha sido la llaga. También me he comido una gastroenteritis y una inflamación del tendón de aquiles. ¿Ves? Me desatornillo. Se va Jon y me desatornillo. Así que tiene que quedarse. En casa. Yendo conmigo a llevar a María al chino de las pipas. Diciéndome que compruebe que no hay ninguna prenda roja en la colada de blanco. Gritándole a los perros “STAY, HOSTIA!!”

Metiéndome manzanas de mierda en los tupperwares porque “necesitas pectina, Ari. La pectina es BUENÍSIMA.”