Metacrilato

Simón ya tiene sus dos pies y aún no sabemos si nos vamos a Zarautz. Los perros ya me miran con rencor. “Vosotros playita guais y nosotros piscina de mierder ¿eh? ya veo, ya…” Eso me dicen con los ojos. Pero no es culpa mía. Ni siquiera de Jon, sino de este nuestro Ejército Español. En septiembre yo tengo mi viaje exprés a París para la exposición de Gustav Klimt (último regalo de nepocumpleaños), y luego empiezan los colegios, así que estoy viendo que al final nos vamos en Octubre, con un frío ya de cagarse y con los perros en la playa mirándome aún con más rencor mientras echan vaho por el hocico.

Este año no siento melancolía por el otoño. Es porque no ha hecho tanto calor y he logrado sobrevivir al verano más veraniego sin ataques de ansiedad. Bueno, eso y que estoy asustado por volver a la universidad y no me muero de ganas de que llegue septiembre, precisamente. No puedo evitarlo. He perdido el ritmo de estudiar y tengo que meterlo ahora con calzador en mi día a día. Eso y que se me da fatal lo de integrarme con los otros niños y siempre acabo siendo el que llega a deshora, trabaja solo, participa lo justo, no socializa con nadie y se gana una merecida fama de outsider. Luego consigo sacar nota a base de no dormir en las últimas tres semanas de antes del examen y todos mis compañeros piensan que soy un arrogante ególatra que se lo tiene muy creído, cuando la cruda realidad es que soy un liliputiense en el país de Gulliver y que voy por la vida escondiéndome para que no se note en ningún momento que estoy ahí. De vez en cuando, MUY de vez en cuando, logro cruzarme con algún liliputiense como yo, raro como yo y fuera de pauta como yo, con el que no tengo que esforzarme por sonreír ni por llenar silencios. Entonces salta la chispa de la conexión inalámbrica y ya todo bien. Me abrazo a mi nuevo mejor amigo, comparto apuntes con él, quedo en el autobús, zampo tortilla con café a su lado, y soy bastante feliz. Pero… siendo realista, eso me pasa una vez de cada cien. Así que tengo muchas posibilidades de no tener ninguna posibilidad de que surja a lo largo de los próximos diez meses.

No pasa nada. I will survive. No creas que lo digo con amargura extrema. Llevo toda mi vida siendo yo, así que estoy acostumbrado. Cuando era un crío y estaba con los frailes, pensaba: “hay dos mundos. Uno es el del internado, y el otro es el mío de verdad. El primero solo me rodea y el segundo lo llevo dentro y entro en él cuando me da la gana.” Ahora, que ya estoy crecidito, tengo una vida más normal de amor interactivo, y ya no hay grandes paredes que saltar, he adaptado mejor el asunto. Ahora es: “Hay dos mundos. Uno es el de ahí fuera, y el otro el de aquí dentro. El primero solo me rodea y el segundo es el que me importa.”

Es un pensamiento bastante liberador. Tan liberador que ni siquiera necesito que sea cierto.