Septiembres

Mi cuñada va a quedarse con Houdini Pelotas. Ha sido el contrato de cesión del siglo y estoy muy contento (solo superado en mi alegría por el gatovaca) porque ella es hippy, vegana, loca, amante de los animales y cultivadora de huertos urbanos, así que no sé qué más podría desear en este mundo un conejo, la verdad. Houdini Pelotas estará muy bien, tendrá una terraza de 20 m2 para darse paseos buscando el garaje y estará siempre cepilladito, limpio, feliz y surtido de zanahorias y coles. Hoy van a venir a verle para ir planeando su infraestructura urbanística, así que luego le lavaré la cara, le peinaré con raya y colonia, le sacaré brillo a los zapatos y le almidonaré los puños de la camisa.

Y sobre todo le dejaré en su garajeland, para que no le vean es su afán de destrozar tomateras, como buen conejo oligofrénico.

Me da un poco de pena no quedarme con Houdini, pero tampoco me siento bien por tenerle metido en el garaje, como si el pobre fuera una vespa. Necesita sol, luz, aire libre y poder vivir sin tres perros de 60 kilos en canal mirándole fijamente con cara de circunstancias. Algún día ganaré una fortuna en el euromillón, y podré levantar un enorme emporio animalístico que dé cabida a todas las mascotas locas y abandonadas del mundo en un hábitat de felicidad y chimpunes. Algún día.

Esta es la última semana de agosto. El lunes ya septiembre, viaje fugaz a la casa de París y luego vuelta al cole. Esta mañana, aún amaneciendo, cuando iba para la ducha me he encontrado a María semivestida de taekwondista, en el descansillo de la escalera, dando saltos y patadas a la nada. Me ha dicho que estaba ensayando para su clase del martes. No deja de fliparme su capacidad de entusiasmo para las cosas que le molan en esta vida. Es casi directamente proporcional a su capacidad de pasar a tope de las que no le importan (aunque este segundo grupo abarque prácticamente todo el universo menos papá, Joh Wayne y la mortadela). La verdad es que ya vamos todos ensayando nuestra vuelta al toril. Nos sacudimos el verano de los huesos. Pero no estés triste, porque dentro de un estornudo estará aquí la Navidad, y dentro de otro volverá a estar el verano. Es lo bueno de que la vida te salga a veces regulín; que siempre todo lo puedes considerar un ensayo de la función general.

Y hablando de la función general…el sábado tengo reunión en mi academia para conocer a mi clase del curso que viene. Igual ya es un buen momento para asomarme al grupo de whatsapp de mis alumnos y poner un “jajajá” que haga creer que en realidad he estado ahí todo el tiempo.