Domingos de todo

Venía yo quejándome y refunfuñando porque he salido a correr con Jon y casi muero (novedad). Me había despertado de la siesta un poco zombi. Un poco espeso, pesado, cabecihinchado, amuermado, zote. Un poco como me despierto de todas las siestas. Me sientan fatal las siestas. Ni una que me regenere y me deje sensación de “qué bien”. Ni una. De todas me despierto en formato calamar. Lento. Albondigado. Viscoso. Así que según arrastraba los pies por el pasillo en busca de algo líquido que echarme al sistema linfático, Jon dijo. “¿quieres que salgamos a correr un poco y así te reactivas?” Creo en Jon. No suele ser de los que hablan en balde y la verdad es que otras veces el ejercicio físico me ha sacado del siesticoma, así que me he dicho “venga.”

En qué puta hora.

Jon corre todos los días. Jon entrena para la ironman. Jon está en jodida buena forma. Jon es espartano. Jon no soy yo. Nunca, nunca será yo. Está a miles de kilom… de hectóm… DE AÑOS LUZ DE MÍ. Así que lo que para él es un trotecito ligero para mí es un arghs-buarghs-arfs-orghs. Y lo que para él es una carrerita corta, para mí es un arghs-buarghs-arfs-orghs.

Así que, obviamente, he vuelto de nuestra carrera en formato arghs-buarghs-arfs-orghs.

Siempre pienso ¿por qué estoy contigo y tú estás conmigo? en serio, mírate, no tenemos nada que ver. Nunca he hecho deporte de musculación, ni he corrido, ni he hecho pesas, ni he comido sano, ni me he preocupado de saber cuáles eran los beneficios de la espinaca. Jamás. Todo eso les pasaba a los otros, no a mí. Yo era el de enfrente. El que se sentaba en el sofá y comía doritos. Ese era yo. ¿Realmente qué nos une a ti y a mí?

Y entonces viene, me revuelve el pelo, me muerde el cuello “¿Te duchas conmigo?” “No puedo moverme, creo que he muerto.” “Pobrecito. Yo te resucito”. Me levanta en volandas, me lleva a la ducha, su cuello sabe salado, su boca sabe dulce, sonríe con dientes blancos, le caracolea húmedo el pelo sobre mi hombro, su mentón me araña, sus dedos me dibujan, la plata de sus ojos me inmoviliza y ya… ¿qué? ¿qué nos une a ti y a mí?

Pues todo, cojones. Un universo entero. Mil vidas después de esta. Todo. Todo nos une.