El clan maraca

Pedro está gestionando su relación con la chica que le gusta y está siendo bastante agotador. Para él, para mí, para todos… Tuvo una crisis el jueves pasado y me llamaron del instituto para comunicarme que estaba en una esquina golpeándose cabeza y hombro contra la pared. Hacía mucho que no pasábamos por una de esas, así que me pilló bastante desentrenado, la verdad. Jon estaba en Zaragoza. Mi jefe, que tiene un hijo con retraso, demostró su solidaridad dejándome marchar sin problema y no haciéndome recuperar las horas. Para cuando llegué, habían conseguido meter a Pedro en la enfermería, y lo habían sentado en una camilla. Apretaba los dientes y se balanceaba hacia delante y hacia atrás, como un tentetieso. Al verle pensé que no lograría calmarle ni en mil años (sobre todo porque yo mismo estaba atacado y tiende a contagiarse de tu estado de ánimo, como los animalillos), pero hubo suerte y se tranquilizó. Estuve horas allí sentado con él, hablando. Hablando de nada. Porque cuando está así, hacerle mención a la crisis lo único que consigue es que se le enraice aún más, así que me puse en formato ascensor. “Hace calor aquí…” “Qué mierda que no tengan aire acondicionado…” “Y eso que este finde viene el otoño…” “Pues igual podríamos ir yéndonos a casa…” Al final a base de sacarle la sustancia a todas las palabras, pude calmarle, desactivarle el pánico, y llevármelo a casa. Tardó unas 48h. en volver a su ser normal, y anoche por fin pudimos tener una conversación. Me imaginaba que el detonante involuntario podría haber sido Paloma y en efecto, así había sido. La muchacha le había dicho de ir a su casa a realizar un trabajo sobre glaciares que tenían que hacer juntos y él, con la tensión de saberse en un entorno extraño con la chica que le gusta y, sobre todo, con los padres de la chica que le gusta, cortocircuitó. Me repitió 18 veces su frase favorita como argumento al pánico: “Creen que soy raro.” “Pues claro que creen que eres raro. Y que María es rara. Y que yo soy raro. Y que somos, en general, en conjunto, como sumatoria, una familia rara. Pero ya ves tú, Pedro, jomío. Te vas a hartar de juicios en tu vida. Así que cuanto antes  te los pases por los huevos, tanto mejor.”

No quedó muy técnico como argumento pedagógico. En realidad, igual de técnico que lo de hablar del tiempo con alquien que está dándose de cabezazos contra la pared, pero mira… por lo que sea, son cosas que con él funcionan. He terminado por sacarme un master en Pedrología. Ahí le dejé sopesándolo todo. Le dije que invitara a Paloma a hacer el trabajo en casa. Y al cumpleaños de María. Y a comer algún finde de estos. “Que vea la chica que aquí estamos todos un poco maraca y que entienda que tú vienes a ser en realidad el más normal.” Sonrió, como sonríe él cuando la cosa es terrible, pero hace gracia. Con la mirada puesta en la punta de sus pies. “Tú haces muchas tonterías con el patinete.”

Vale. Ok. Leña al Arimono, que es de goma. Lo asumo. Al fin y al cabo es cierto. Y ya obtengo venganza suficiente cuando me toca limpiar el baño y me da la una del mediodía jugando con María a ver quién escupe el hueso de la aceituna más lejos desde la ventana de la buhardilla.