Hoy no

Otra crisis de Pedro. Esta más tranquilita. Solo un cortocircuito temporal de no querer salir de la clase porque no había sonado el timbre tres veces. De haber estado allí con él le habríamos calmado sin problema, pero al no estar… se ha solucionado con un asa de la mochila rota y otra visita fugaz a la enfermería. La adolescencia le está sentado fatal. Ya nos habían advertido de eso. Bueno. Nos armaremos de paciencia. Jon me decía en el coche “por lo menos saca unas notas cojonudas.” Pues eso. Cuando nos llamen del colegio por María, ya verás como la canción será de otro tipo muy distinto. “Buenos días, les llamamos porque su hija ha cazado un puma a mochilazos y ha suspendido siete…” “ah… vayapordios…ahora vamos.”

Estoy triste y desanimado. Supongo que también el stress me pasa un poco de factura, pero los miniproblemas de esta semana me están costando sueño y dolor de cuello. El director de la academia de danza sigue tomándome por gilipollas, y sigo teniendo asignados 23 alumnos en tres días de clases. En su último correo me dice que busque otro profesor y que él le contratará. Que yo busque otro profesor. Con dos cojones. Ariel Nepomuk, profesor, pringao y asistente de RR.HH. por un módico sueldo a la hora. Ya solo me queda una salida digna y es decirle que se meta la plaza por el orto. Y marcharme con mi patinete por donde he venido, con música de trombón de varas, que es la más adecuada para el fracaso de vis cómica.

Pero sucede que mis 23 alumnos no paran de dar vueltas en mi cabeza.

23 alumnos que ponen empeño, que me meten en sus grupos de whatsapp, que no faltan a ninguna clase, que esperan una función de Navidad, que no tienen ninguna culpa…

La función de Navidad. Esa es otra. No he terminado de pelearme con el director y pronto tendré que empezar a hacerlo con los del teatro. Qué cansancio todo.

Mejor será que lo escriba mañana, cuando las montañas se hayan puesto más a mi nivel. De hecho… creo que voy a sentarme aquí en un rincón con un poco de chocolate a esperar a que bajen de lo alto.