Nostromás o menos

Estos días estoy maquetando el blog para tenerlo en formato pdf y al final ni estoy terminando el pdf ni estoy escribiendo en el blog. Me dan las tipitantas descargando texto y cuando se han acostado los tres niños (o los dos niños y el púber) aparece Jon con dos fusiles de láser-tag y dos pecheras, me dice “¿jugamos?” y ya… se acabó la noche útil para Ariel Nepomuk. Culpa mía todo. Por plasta y por inmaduro. Lo primero me ha llevado a tener un blog interminable, y lo segundo a que me guste el juego más que a un tonto una tiza. Mira, cuanto antes pase el cumpleaños de María y nos quiten los láser-tag tanto mejor, de verdad te lo digo. Porque estamos enviciados como dos babuinos. Nos apostamos de todo. Sexo, comidas, comidas con sexo, pelis de cine, pelis de cine con comidas y sexo… También es un poco culpa de no habernos conformado con los fusiles del año pasado, que eran mucho más cutres y divertían bastante menos. Ahora nos han prestado unos supersónicos cuasiprofesionales (todo lo profesional que pueda resultar un láser-tag) que tienen hasta rayito láser incorporado para ver por dónde vas, como los de la peli de Aliens y lo de jugar a oscuras por toda la casa ha adquirido un nuevo significado. Que sí. Que deberíamos avergonzarnos. Que ya somos mayorcitos para estas tontás. Que era para que jugaran los niños y no los zánganos. Pero resulta que nuestras debilidades son más fuertes que nosotros, y bueno… intentamos asumirlo con la suficiente paz de espíritu como para no darle demasiadas vueltas. Ayer hice un fuerte de sillas en el suelo del salón para parapetarme y Jon tuvo que entrar por la ventana del jardín para poder pillarme por la espalda. Veo que en cualquier momento se nos va a terminar de ir la olla y vamos a acabar matando algún perro del infarto. PERO ES QUE ES TAN DIVERTIDO, JODER…

El viernes que viene es la fiesta. Hemos comprado atrezzo para aburrir y nuestra casa va a convertirse en lo más parecido al Nostromo, pasado por un filtro de colocón de LSD. Por supuesto, no hemos reparado en papel albal, luces de neón y pintura fosforescente, así que las luces normales de toda la vida van a brillar por su ausencia (nepoparadoja). También vendrá la maquilladora caracterizadora de nuestro último evento de zombis, a convertir a Jon en un alien terrorífico y decente, porque hemos decidido que como monstruo yo quedo un poco desustanciao y que es mejor que me dedique a capitanear astronautas. Aún no sabemos a ciencia cierta cuántos vendrán. Inicialmente le dimos a María solo 15 invitaciones, pero ya nos han confirmado asistencia 23, y siguen parándonos en la puerta del cole para decirnos “oye, contad mi niño que sí que va”, así que desconocemos hasta donde habrán llegado este año los superpoderes multiplicativos de María para invitaciones de cumple. Intuimos que hasta el infinito y más allá.

Es lo malo de lo bueno del espacio espacial ¿ves? Que ahí cabemos todos.