Tribus de admisión libre

Me estoy haciendo un lío diciendo que la fiesta de cumpleaños es el sábado y es el viernes. Y aunque hemos repartido invitaciones, verás tú como a base de soltarlo por esta boquita que alguien debería graparme convenientemente, va a llegar el viernes, vamos a montar el sarao y no va a venir ni un astronauta porque estarán todos convencidos de haberme oído decir en algún momento que ERA EL PUTO SÁBADO. No sé por qué me pasa esto de los encasquillamientos cerebrales. Me atasco en algo y no hay manera. A Jon le dio por decirme que el mes que viene era nuestro octavo aniversario para hacer el chiste de que los primeros tres meses también contaban y ahora ya se me ha quedado la neurona ahí momificada. Por todas partes voy diciendo que es el octavo, que es el octavo, que es el octavo, y ayer mi suegra dijo “coño, yo cuento siete…” Pues claro que cuenta siete. Porque son siete. Nos casamos el 11 del 11 del 11. Como para olvidarme de la fecha. Ya me la recuerda el sorteo de la ONCE todos los años.

Ayer recogimos el regalo de María. Es un scalextric. Bueno… en realidad es EL SCALEXTRIC ENTRE LOS SCALEXTRIC, porque es inalámbrico, los coches llevan luces para correr de noche, y le hemos comprado unas extensiones de pista de flipar. Los padres del cole nos preguntan qué le regalamos a la niña para saber si pueden complementar sus regalos de alguna forma y cuando decimos que un scalextric nos miran un poco raro. Con una extraña mezcla de estupor y compasión. Como si primero pensaran “¡coño! ¿¿un scalextric??” y luego razonaran “ah, claro, que es para María…” Por mucho que queramos a María (y mira que la queremos) no se nos caen los anillos al reconocer que probablemente sea la niña diminuta mas bruta de toda Educación Infantil. Y lo de “diminuta” es importante, ojo, porque cuando la ves, tan chiquitita, tan menudita, con esos ojitos de china y esas pecas en la nariz piensas “ooooooooyyyyyyy… qué cositaaaaaa…” hasta que perdido en su cuquez bajas la guardia, y para cuando has terminado de pronunciar la última a, ya te ha volado el flequillo con una de sus demostraciones de taekwondo o has visto pasar toda tu vida justo en el instante en el que has estado a punto de morir de un pulpazo volador accidental.

María es así y así la aceptamos. Porque mira, aquí en la tribu aceptamos de tó, que para eso estamos. Igual que aceptamos un niño walpurgis obsesionado con la próxima glaciación o un niño sordo que quiere ser la próxima promesa del rock&roll. Y si a María le apasionan los coches y los astronautas, pues hala. Pues venga coches y astronautas. Eso sí… el día que amanezca un desayuno y resulte que le apasionan las Bombas H o el destripamiento artesanal de padres vascos y chicos con pelánganos ya… igual nos sentamos a debatirlo un poco.

Igual.