El turrero

Siento no escribir mucho estos días pero es que estoy volcando todo el blog y pasándolo a formato libro para que se pueda bajar y leer más cómodamente en ebook, móvil o pc. Como no tengo ni idea de cómo hacerlo por el camino más fácil, lo he hecho por el más difícil y lo he convertido todo en un txt que estoy maquetando a trozos en Indesign. En general, voy bien, pero en particular no tanto, porque resulta que soy un brasas y que soltando todo a cascoporro me salen como mil y pico páginas. Era de esperar, considerando que no callo ni debajo del agua. Así que estar ahora ordenándome a mí mismo por trozos y fechas (porque aquello se ha soltado en plan halavenga y están todos los post mezclados) está siendo casi una cuestión de karma. Por ser un turras, de aquellos barros, me vienen estos lodos. Hoy me he tirado casi toda la mañana y no he llegado aún ni al meridiano. Será un milagro si no salgo de esta aventura con una embolia cerebral aguda por sobredosis de mí mismo.  Así que… he visto West Side Story, y Venom, y el desfile de las Fuerzas Armadas. Pero casi mejor que no lo cuento aún para no tener que maquetarlo también en el cascoporro y que esto se termine convirtiendo en el velo de Penélope. Un día. Dos a lo sumo y vuelvo. Y además… creo que me voy a La Antártida en unas semanas, porque es mi aniversario. Y digo creo porque lo único seguro es que no hay nada seguro, y de la misma forma podríamos terminar celebrándolo en Laponia. Lo único que tengo claro es que Jon es incapaz de regalarme flores y bombones como todo hijo de vecino. Él, si no me criogeniza, no es feliz.