María de los Puentes

Hola libro del blog. Sí, sí… aquí otra vez. Tú no me mires y sigue con lo que estás haciendo, que vas genial. Yo, como si no estuviera aquí dando la turra.

Ya nos han cambiado la lavadora y María me ha pedido un puente para reyes. No sé cuál de las dos cosas me inquieta más. Supongo que lo segundo, porque con una lavadora de risqui-risqui ya había tirado yo antes 29 años y la verdad es que bien, pero con lo de envolver un puente para regalo… no lo tengo tan claro.No sé por qué no puede pedir cosas normales, como todos los demás niños del planeta. No sé. Ver anuncios de la peluquería Play Doh  y decir QUIERO LA PELUQUERÍA PLAY DOH, en lugar de ver películas de John Wayne y venir pidiendo puentes. Le he dicho a Jon que igual el problema es ese. Que no ve televisión, ergo no ve anuncios, ergo no sabe qué juguetes parten la pana en el mundo de chiquillilandia, pero como teoría no parece tener demasiado peso específico, porque todas las Navidades le traigo el catálogo de Juguetes de El Corte Inglés, ese de las 800 páginas en canal, le doy un rotulador y le digo “marca lo que vamos a pedir a los Reyes”. Y nada. Ni marcar, ni pollas. Al final me acabo encontrando trocitos de páginas recortadas en volutas y chimpunes, haciendo de bufanda al pulpo. Por la razón que sea, María pasa. Le encantan los juguetes, le encanta jugar, pero pasa de desear nada en específico en ningún momento concreto. Por el contrario, los imposibles le chiflan. Desea dinosaurios, camellos, puentes, cohetes espaciales, zombis amaestrados, cúmulonimbos que bailen el foxtrot decentemente…Todo lo que no sea lógico, para ella es estupendo. Lo bueno; que sale barata. Lo malo; que hay que echarle tiempo y meninge. Porque con ella no vale lo de regalarle un puente de maqueta, no. Lo mirará, te sonreirá con esos ojillos chinos de puñalada en un tomate y el hoyuelo del moflete y te dirá “¿hay otro qui sea más de verdás?”

Hoy he vuelto a faltar a clase porque me han reclamado en el trabajo. Ya llevo tres días seguidos, y eso me preocupa. Y de preocuparme, adelgazo. Y de adelgazar, me descontrolo. Y de descontrolarme, se me acumula el trabajo. Y de acumularse el trabajo, falto a clase. Y de faltar a clase… vuelta la burra al trigo.

Están siendo malos tiempos para la lírica, en general. Creo que lo de irme a un páramo congelado me vendrá bien. Intentaré reiniciar sistema. Y escribir. Escribir mucho, para aligerar la cafetera.