Curvas

He ido a clase y me he agobiado mucho. Tengo dos meses antes de los exámenes para ver la luz. Parece mucho tiempo ¿no? no lo es. Jon vino a buscarme y comimos por el centro. Ya habían puesto las luces de Navidad. Cuando quieras darte cuenta, ya las habrán encendido. Y los villancicos de los grandes almacenes te machacarán la psique. Y pondrán el horroroso anuncio de lotería de este año, y todo será paz… amor… familia… regalos… cuentas corrientes que bajan a la velocidad de la luz… Y luego Enero y el barrabumba. No estoy seguro de poder aprobar todas las asignaturas. Me lancé en Plan Cid Campeador y ahora estoy agobiado. Qué novedad. Exactamente lo mismo que me ha pasado con las elecciones sindicales. “Yo puedo, yo lo haré, ¡claro que puedo!” y luego el paf en las narices. Pero bueno. Si hay algo que tengo bien aprendido desde que nací, es a fracasar. No pasa nada. Ya me levantaré y me iré recomponiendo los huesos por el camino.

María se ha vuelto a partir el frenillo. El oponente se le quitó en el último momento y cayó de morros. No puedo decir que no comprenda un poco al oponente. María es pequeñita y flacucha, pero más dura que el adamantium y con una capacidad de embestida sorprendente. La ves venir corriendo hacia ti e instintivamente buscas sitios en alto para guarecerte. Si te pilla puede ser más peligrosa que una manada de ñus. Así que el oponente dijo aymadreyomequito y María voló sobre el tatami. No hay que lamentar muchos daños. Otra vez una minirajita de ná, y el labio como un watusi. No ha soltado ni una lágrima. Su maestro de taekwondo le ha hecho una reverencia. “Eres una guerrera fuerte y valiente.” Se ha puesto tan contenta que al devolverle la reverencia ha pillado demasiado impulso y casi se vuelve a hostiar otra vez contra el tatami. La he tenido que coger al vuelo. Jon estaba todo orgulloso de ella. Ha llenado la nevera de polos para su belfo. “Ahora nada de boxeo hasta que te cures ¿eh?” “SÍ, PAPÁ.”

El ala espartana de la familia está muy loca. Muy loca.

También casi se me ahoga un gato del refugio. Ha empezado a vomitar y a dar alaridos cuando les estaba limpiando las jaulas, y al llevarle a eco, hemos visto que se había tragado un cordón enterito. Han tenido que operarle de urgencia y hacerle tres incisiones para poder sacárselo. No sé cómo demonios ha podido tragarse eso. Es canijo, oscuro, chiquitillo y trasto. Le encontramos metido dentro del motor de un coche. Estoy barajando quedármelo. Tengo una atracción especial hacia los gatos que dan guerra. Le he llamado Pito Sacapuntas, porque también tiene un ojo más grande que otro. Me pensaré lo de añadir a Pito Sacapuntas a la tribu. Me frena un poco pensar en cómo interactuará con la niña-ñu. Podrían convertirse en un combo mortal.

También se me ha muerto el móvil y luego ha vuelto a resucitar. Él solito. Como si hubiera parado media horita para tomar aire, o algo así. La verdad es que ha sido un día con muchas curvas. Desde aquí estoy oyendo a Jon hablar con Urko por teléfono. Siguen haciéndole pruebas y aún no tienen ningún resultado concreto. Yo creo que todo irá bien. No lo digo por animar, ni para autoconvencerme. Lo creo de verdad. Lo siento aquí dentro.