Once del once

¿Te gusta la nueva foto? Es bonita ¿no? Y bastante simbólica. No obstante, aquí arriba es donde más feliz estoy. Y en ese rincón que ves ahí. EXACTAMENTE en ese rincón, soy doblemente feliz. Hay un banco de madera blanca justo debajo de la ventana. Lo puse para leer al solecito, pero la verdad es que después de la media hora se me queda la espalda hecha merengue, así que solo lo uso para eso. Para sentarme a pensar, mirando fuera, cuando hay demasiado ruido alrededor. En verano los cristales están calientes, y en invierno, helados. La ventana del banco viene a ser como mi reloj meteorológico. Si algún día necesitas una huella dactilar mía, búscala en esos cristales. Cuando estuvimos a punto de cambiar de casa, se me rompió un poco el corazón pensando en perder mi sitio meteorológico antirruido, la verdad. Estoy contento de que aún siga ahí para mí.

Hoy es mi aniversario. No nos hemos ido al polo norte (o sur) pero he sido bastante feliz. Jon me ha llevado de libros y de vinos y estoy un poco borracho (eso también influye). He visto las librerías más bonitas y he bebido los vinos más ricos de Madrid. Ha sido casi como poner un pie en un cuento, porque los rincones eran mágicos, mágicos de verdad. En uno de los sitios donde he estado bebiendo, había notas manuscritas debajo del cristal de la mesa, con poemas que la gente había dejado allí. ¿No te parece una pasada? He dejado una nota amarilla. Puede que alguna vez la leas si vas por allí. Si lo haces, sabrás enseguidita que es mía, porque te he dibujado un autorretrato mío con peto y camiseta de rayas. Como en los viejos tiempos.

«Me he comprado una antología poética de Luis García Montero, los cuentos de Faulkner y un tomo de Todo Superlópez. Creo que las tres cosas juntas me definen a la perfección.»

Jon ha ido al hospital a llevarle unas revistas a su hermano. Los tres cachorros están preparando una cena fría sorpresa de aniversario con mi suegra, así que me he quitado de la circulación. Desde aquí oigo a Pedro decirle a María «PERO NO PONGAS LO QUE YO QUITO» así que intuyo que eso va a ser un festival de brillis y corazones de papel, solo comparable a la mesa esa de San Valentín que nos preparó Simón en su día. Esta noche mi suegra se lleva a Simón y María a dormir con ella a su casa con sus sendas mochilas de colegio, así que Jon y yo estaremos solos. Semisolos, porque está Pedro, pero bueno… estar con Pedro es estar solos, porque se encierra en su guarida y ya no hay niño. Le he dicho a Jon «podremos hablar de lo humano y lo divino» y él me ha dicho «o follar y hablar mañana.» Está bien que te hagan reír. Siempre elige al que te haga reír. Siempre. Lo demás te podrá servir de vez en cuando… en algunas ocasiones… pero reír te servirá siempre. Así que considéralo condición sine qua non para enamorarte.

Bueno, la moraleja que te dejo hoy es que viene muy bien que alguien te pegue una patada en el tejado de vez en cuando, porque sirve para que salgan todas las ratas que estaban escondidas. Y ahí ya solo tienes que dejar que salgan… cerrar las ventanas… cerrar las puertas… y dejar que se coman entre ellas ahí fuera (que siempre lo hacen porque en realidad es la única predestinación de una rata. Morder sin necesidad de pretexto, ni motivo). Luego vuelves abrir y sigues con tu vida. Hasta la próxima patada, que vuelves a hacer lo mismo. De verdad te lo digo… Ni te hagas de cruces, ni te enfades. Viene de puta madre para limpiar y ventilar. Hazme caso.

Hola Jon. Te quiero, Jon. Y seguiré queriéndote, Jon.