Cuesta arriba

Elecciones sindicales. Ya han llegado. Y allá voy. Mi jefe trina. Se le eriza el bigote. Se le empaña la calva. Si entro en el Comité de Empresa tendrá que escucharme y explicarme sí o sí. Y tenemos mucho pendiente él y yo. Mucho muchísimo. Supongo que este movimiento por mi parte le ha pillado descolocado y de sorpresa. Cuando a uno le pisan veinte veces, no es de esperar que aún siga levantando la cabeza, cuanto menos aún que te muerda el pie. Pero qué quieres, la verdad es que estoy acostumbrado a la supervivencia a ras de suelo. Llevo así más o menos toda la vida. Me tumban y me levanto. Me tumban y me levanto. En mis mundos primigenios de blogger, tenía puesto en mi perfil la mala yerba…

…nunca muere.

Un exnovio también primigenio (que quise mucho y era un poco imbécil) me dijo que lo de la mala yerba me iba a la perfección. La verdad es que sí que me va. Por ahora voy sobreviviéndoles a todos. En fin. Deséame suerte. Me toca ser interventor de mesa electoral, así que me voy a aburrir muchísimo junto a un puñado de gente que no me importa demasiado, pero creo que me divertiré viéndoles contar los votos. Sonreiré y haré bromas como los demás, para parecer humano, y no el extraterrestre de camuflaje que soy. Y si ganamos, pondré cara de circunstancias (que nunca he sabido realmente qué cara es), estrecharé la mano del sindicato enemigo y diré “buen partido.”

Nah, es coña. Si gano lo primero que haré será asustarme y lo segundo, comer chocolate.

Estoy cansado. Jon se ha ido a Ginebra y se nos ha roto la calefacción. En ese orden. Lo de Jon se soluciona pasado mañana. Lo de la calefacción no estoy tan seguro. Esta mañana ha estado un señor que nos ha restablecido el agua caliente (algo es algo. Hoy he ido al trabajo con los ojos bastante más redondos, gracias a la ducha matinal) pero los radiadores de abajo siguen sin calentarse. Me ha dicho por teléfono que tenía que cambiar una pieza y que había que pedirla a Barcelona. Me ha parecido que Barcelona sonaba a fin del mundo.

Vale, no pasa nada. No hace frío. Y si lo hace, nos amontonaremos en pelota debajo de las mantas. Los cuatro estamos hechos para la vida cuesta arriba.