El señor Delegado

Aún no se han formado los Comités de Empresa y ya soy el peor Delegado Sindical de la historia. No me entero una puñeta de nada. Me metieron en el grupo del sindicato para que fuera cogiendo información, pero lo único que hago por ahora es apuntar 250.000 cosas al día que luego no recuerdo por qué he ido apuntando. Tengo hasta un apunte que dice “ascensor.” ¿Ascensor qué? ¿ASCENSOR QUÉ, PORDIOS? Pues no sé. Ascensor algo. Algo sindical. Un asentamiento proletario en el hueco de los cables o una convocatoria de huelga en el botón de cerrar puertas. Y así todo. Se me reconoce en el grupo porque soy el único que hace preguntas. Y no preguntas inteligentes y aprovechables, no. De las otras. De las de “¿y nos darán de merendar o…?”

Bueno, vale, bien. No pasa nada. Que no cunda el pánico. Lloré un poco a la gente más importante que yo (o sea toda) y me dieron acceso a los cursos online de formación sindical. Hoy me he lanzado a hacer el primero. Se llamaba DELEGADOS. INICIACIÓN. Parecía perfecto para mí ¿no? Porque soy Delegado y estoy en iniciación. O sea, blanco y en botella ¿verdad? pues he hecho el pretest de conocimientos y he fallado 13 de 20.

13 de 20.

En el pretest de conocimientos.

De los que ya debería saber. No te digo nada cuando lleguemos a los que aún no sé.

Bueno, vale, bien. No pasa nada. Que no punda el cánico. Que no cúnica el pundio. Que no púndica el candio. Que no…

Voy a morir. Linchado por la masa obrera. Lo veo. Me levantarán en volandas y me tirarán por el hueco del ascensor. Y se quedarán arriba viéndome caer, mientras ondean sus antorchas bajo mi grito cada vez más lejano de: “¡CHICOOOOOOS, QUE YA ME ACUERDO DE POR QUÉ LO APUNTEEEEEEEEÉ…!”