Lopapeysa

Ayer hizo muchísimo frío. Con cielos blancos blanquísimos, vahos de aliento, cristales empañados y todas esas cosas bonitas que tiene el invierno. Y se me heló en culo en todos los trayectos del día. En todos. Autobuses, aulas, pasillos y metros. Hasta en el coche de Jon fui con las orejillas criogenizadas. Tanto es así, que en el último autobús a casa opté por ponerme el pasamontañas de osito panda que llevaba en la mochila ignorando todo sentido del ridículo. Noté caras de miedo y abuelitos que apretaban un poco más de lo normal la empuñadura del bastón al verme, pero a pesar de eso, me mantuve firme en el abrigo de mis cartílagos. No te imaginas el frío que hace en el monte cuando hace frío en el monte. Es como si cada árbol expeliera rascayú directamente hacia tus narices. Así que esta mañana cuando me he levantado, he pensado “HOY NO ME PASA”. Me he puesto dos camisetas debajo del lopapeysa que me compré en Islandia, y he salido de casa dispuesto a afrontar el martes más forrado que un trampero canadiense.

Dispuesto a afrontar este martes maravilloso, de precioso sol y 16 graditos de temperatura. Sí. En efecto.

Hace ya un buen rato que el lopapeysa (que para que no gastes google ya te digo que es un jersey del grosor de un filete de ballena) se ha convertido en un gurruño amontonado a mi espalda sobre la mochila. Ahora estoy en camiseta de manga corta, mientras por mi lado pasan compañeras  desustanciás preguntándome si no tengo frío y subiendo el termostato de la calefacción a nivel estepa de Mad Max. Por ahora me limito a sonreír y a apagar todos los aparatos en cuanto desaparecen por el pasillo (las compañeras, no los aparatos), pero reconozco que toda una mañana sudando la gota gorda en la facultad me ha dejado un poco elástica la paciencia, así que estoy exactamente a dos desustanciás y media-¿notienesfríoariel? de abrir el itunes y empezar a poner villancicos en bucle y a toda mac-potencia.

No. De los guais no. De los otros. De los que cantan 45 niños al alimón con voz de rata y chunda-pachunda de pandereta.

Sí. Ya sé que crees que un farol. Es lo que tiene no conocer los verdaderos límites de un chico hipotalámico con pelánganos y lopapeysa.