Dulce Navidad

He comprado un roscón con nata cuando venía de clase a trabajar. No era la intención. La intención era tomarme un té verde (de mierda) que hiciera juego con el pollo con brócoli (de mierda) que me había preparado Jon con amor (de mierd… no. Eso no. Eso bien). Pero me he metido en uno de esos cuquicafés de diseño que hay ahora que tienen horno, pan, pasteles, bollámen, exposiciones de fotos y surtido de revistas culturales (que no viene al caso con mi relato, pero las tienen) y nada más sentarme en la cuquimesa de maderita a remover el cuquité de mi cuquitaza, he visto los roscones insolentes mirándome desde la cuquivitrina y ya…he firmado mi perdición. Encima el señor que regenta el garito se ha debido apiadar de mi cara de oveja hambrienta y me ha ofrecido un cachito de degustación con la punta del cuchillo. Dos nanosegundos, he dudado mirándole blandir el cachito en el aire, antes de lanzarme con las fauces a por él, como una orca de delfinario. Y estaba cojonudo, claro. Así que he pensado “Bueno… total… si llevo uno pequeñito de estos y lo divido entre cinco no vamos a tocar a nada. Una pizca de azúcar a lo sumo. Eso no me hará daño, hombrepordios…”

Y el señor: – Si te gustan más con fruta escarchada, tengo estos dos medianos.

Y mi mente: “Bueno, total… si llevo uno mediano de estos y lo divido entre cinco vamos a tocar a poco. Algo de azúcar y lo que lleve el trocito de fruta, a lo sumo. No me hará daño, hombrepordios…”

Y el señor: – Aunque si lo quieres reciente, tengo también estos grandes con fruta que acaban de salir del horno.

Y mi mente: “Bueno, total… si llevo uno grande de estos y lo divido entre cinco vamos a tocar a… mogollón. Cantidad de azúcar y lo que lleven los trozos de fruta gigantes estos, a lo sumo. No me hará daño, hombrepordios…”

Y el señor: -¿Lo prefieres relleno? porque acabamos de montar la nata…

Y mi mente: “Bueno, total… si llevo uno de grande relleno de estos y lo dividVALE, VAS A MORIR. PERO LO HARÁS CON NATA, HIJO DE MIL PERRAS.”