Hablemos de Simón

Casi nunca hablo de Simón. Las anécdotas de María son infinitas, el jueguito que da Pedro es inabarcable, pero pocas veces me toca hablar de Simón. Se me pregunta: ¿Por qué no Simón? ¿y qué pasó con el niño que se escondía debajo de su propia camiseta? Jon dice: “No hablas de Simón porque es con el que mejor te llevas.” Yo pienso “bueno… podría ser…”

Simón se me ha adaptado como algo moldeable al corazón. No da ningún trabajo. Ninguna guerra. Es completamente sordo y toca la batería y la guitarra. Solo con eso ya debería ocupar su lugar (absurdo) en youtube. Miles de personas deberían estar mirándole y diciendo “ayquébonito persiguetusueño.” Pero ocurre que Simón no está hecho de esa pasta. Simón vive sin plantearse cómo debería ser en realidad su vida. Se limita a vivir muy feliz la que le ha tocado, y no se deja aplastar por las preguntas. Si le colgara en youtube ni siquiera lo entendería, realmente. Hace poco nos planteamos el que pudiera acceder al conservatorio. Cuando se lo dijimos, le advertimos “igual es una lucha que no ganamos” y él abrió mucho los ojos y dijo “pero si es que… no lo necesito ¿eh?” ahí nos dimos cuenta de cuál era SU lucha y cuál la nuestra. Y nos sentimos un poco intrusos, la verdad. Porque Simón es feliz. Bastante feliz. Muy razonablemente feliz. Es buen estudiante. No brillante, como Pedro, pero sí más que aceptable. Y ha sido dos veces delegado de su clase, porque está lleno de amigos. Estar lleno de amigos es importante, pero para él no, porque parece inherente a su forma de ser (en eso no se parece a mí). Quiere ser veterinario y jugar al fútbol. Lo primero no costará esfuerzo, lo segundo ha sido un campo de minas que ha sabido esquivar con mucha maestría, porque Simón cojea debido a su hemiparesia. No ha habido obstáculos, porque la gente en su camino no ha querido que los haya. Supongo que eso también es importante. La gente que te cruces y rellene tu vida.  Ellos serán realmente los colores de los que la pintes. Simón es un cojo sordo que nunca será cojo ni sordo. Así que es absolutamente feliz. Pinta conmigo lemures de spray en las paredes de la buhardilla, y le gusta una niña de su clase que se llama Vanessa. Y que le corresponde (que te correspondan con diez años es casi nivel premiun ¿no?). Simón pacifica a Pedro en sus ataques walpurgis y cuida de María en sus ataques… de María. Y viene cuando estoy depre y se sienta conmigo en el sofá. Y coge uno de mis libros “¿Este?” “venga, ese.” Y me lee. Y me acompaña. Y me saca. Sin hacer nada. Porque no tiene que hacer nada. Porque es él. Y a veces ser tú es suficiente para cicatrizarlo todo.

Es por eso por lo que no hablo de Simón. Solo por eso.