La Anunciación de las lentejas

Se me pasa la Navidad y no me entero de nada. Estoy como si llevara un ancla en el culo y de eso no tiene culpa el aminoácido, no. Quizá el exceso de mogollones seguidos. El viernes función de colegio, el sábado función de danza, el domingo comida con militares, el lunes copa de la empresa y Nochebuena, el martes regalos TO ALL, el miércoles primera reunión del Comité de Seguridad, el jueves ir montando la sopa de marisco, el sábado comprar para la copa de Nochevieja, el domingo volver a la sopa de marisco (es una sopa a plazos, te tiras haciéndola tres centurias), el lunes estudiar para los exámenes del semestre, el martes meter la cabeza en el horno…

Se me ocurre que igual para no explosionar, voy a ir llorando los asuntos a plazos. De uno en uno. Veamos. Hoy, la función del colegio.

Simón toca la guitarra, María hace de ángel de pesebre y Pedro… Pedro dice por sus cojones va a subirse a un escenario con sus compañeros a cantar villancicos. Ojalá pudiera yo ser Pedro y volverme también walpurgis para no ir a las cenas, copas, comidas, besamanos…

Lo de Simón está controlado y perfecto, salvo que la guitarra le viene un poco grande y le va metiendo unas hostias como panes (cada vez que oímos un ¡tonk!, casi puedo escuchar como se le erizan a Jon los pelillos del pubis). Le hemos regalado una de su tamaño para Navidad, pero él no lo sabe. Ya le regalamos en su momento una batería. De seguir así, en dos navidades los Zeta-Serlik terminaremos por ganar a los Von Trapp por goleada.

Lo de María ya es otro cantar. Ni controlado, ni cerca de estarlo. Con lo de ser ángel y no madre de niño Jesús hemos ganado algo. Ya no hay que colocarle el velo en sus cuatro pelos tiesos, ni puñetas. Le hemos fabricado un halo angelical con un plastiquillo flexible que le sale disparado bloing-bloing desde la nuca y nos ha quedado chupi (siempre y cuando no se lo descubra y lo use como arma de destrucción masiva) y las alas plumíferas con brillis se las hemos atado a la espalda con gomas elásticas para que no le terminen a la altura de las bragas en uno de sus 2,458,917 saltos del día. Todo eso loy hemos sumado al vestidito de Virgen María reciclado y hala. Tirando millas. Disfraz perfecto. Pero sucede que solo tiene que decir una frase y no-hay-forma-humana-de-que-la-diga (sí, ya sé que pensaste que el comic era broma, pero no).

La frase es “Traen regalos para el Niño Jesús ¡qué alegría!”. Al principio tenía dos más, pero la profesora, sabiamente, se lo dejó en una. Y nada. Que no hay forma. Las primeras veces aún soltaba cosas que se le parecían un poco, tipo “ya vienen los camellos” o “mira los reyes qué monitos cuántas cosas”, pero cometimos el error de principiantes de hacérsela repetir para buscar más coincidencia (o alguna) y la misión ya a estas alturas está absolutamente perdida. Ayer soltó algo sobre los perros y la playa, y anoche ya había empezado a añadir platos de comida. Esta mañana, cauto yo, se lo he advertido a su profesora: “Es bastante probable que el día de la función no se acuerde de su frase, porque los ensayos en casa no van muy bien…” Ella me ha sonreído entusiasta. “Ah, ¡no te preocupes! ¡nos encanta que los niños improvisen y formen su propio guión navideño! suele quedar mucho más divertido y bonito.”

Bueno. Vale. Esperemos que su entusiasmo por la improvisación siga igual de fresco cuando se arrodillen los Reyes Magos y el ángel anunciador se ponga a hablarles de las lentejas con chorizo en Benidorm.