¿Viernes? ¡Viernes!

Voy a romper la mala costumbre del “venga, es viernes y descanso de dar la turra.” Que he hecho dos post un poco cenizos, y no quiero yo que las lágrimas me impidan ver la mierda de las estrellas o algo de eso.

Hoy me ha caído una bronca en el trabajo por llegar veinte minutos más tarde de mi hora de comer. A mí y a los tres que han salido a comer conmigo. No soy ni el primero, ni el último que lo hace en el departamento (jefes incluidos), pero los ánimos están así de caldeados y la guerra así de abierta. Mis compañeros se han mostrado conciliadores “lo siento… no era nuestra intención…” Yo no. Yo me he puesto chulo. “¿Esto nos incluye solo a nosotros o son normas también para la jefatura?” Mi jefe: “Es así y punto.” Yo: “¿Y punto? ¿eso quiere decir que no puedo ni preguntar ni rebatir nada al respecto? ¿ahora eres una dictadura?” La mirada de mis compañeros, en plan “hostiassss…lo que le ha dicho” ha sido reconfortante y maravillosa. Me ha compensado toda la tristeza de esta semana. Me consta que lo que más temen es que alces la voz contra ellos delante de los demás. Lo temen como al demonio. No en vano, para levantar una gran hoguera, lo primero que se necesita es un chispazo. Para el resto solo hace falta estopa.

Disfruto viendo hasta que punto mi jefe está enfadado conmigo. No puedo evitarlo. Me produce un placer especial saber que estoy tocando llaga. Es tan torpe y tan estúpido, que ni siquiera está sabiendo esconderme eso. Pasar de mí sería para él su mejor baza conmigo, pero no entiende de guerras psicológicas, el muy zote. Y qué quieres que te diga… en ese sentido, lo estoy gozando.

Ya estamos en preparativos para la cena de Nochevieja. Como dije por ahí abajo, Jokin cenará con nosotros, rompiendo con la regla inamovible de Jon de SOLO LA TRIBU. Lo cierto es que nos lo encontramos barriendo las hojas de su puerta cuando veníamos del logopeda de María, y al decirnos que cenaría solo, nos hizo un poco de craj el corazón. Lo está pasando mal. Y lo peor de todo: lo está pasando mal a la vasca. Esto es, por dentro y sin dejar que se filtre ni un milímetro de pena al exterior. Cuando conocí a Jon, estaba destrozado. Por la muerte de su padre, por su ruptura de pareja, por su traslado a Madrid… por una serie de acontecimientos todos juntos en terremoto emocional, estaba destrozado. Y de verdad, te lo juro, ni cuenta me di. Me pareció un tipo tranquilo, estable, con una vida pacífica… Así que cuando me dijo: “tú me salvaste la vida, Ari” yo le contesté: “¿ein? estás de coña ¿no?” Temo que Jokin esté precisamente en ese mismo impasse. Y no puede ser. Simplemente, no puede. Te lo dije el otro día. Hay que llorar. Hay que gritar, revolverse, dar patadas, cagarse en la puta madre que parió al mundo. De vez en cuando hay que hacerlo. Si no los monstruos te comen por dentro. Y si tus monstruos te comen por dentro, es cuando verdaderamente estás perdido, porque ya no sales.

Tengo que hacer la maravisopa de marisco, y Jon hará los entrantes y el tartar de mango y langostino. Pienso tajarme todo lo que pueda. 2018 ha sido mejor que 2017, pero será infinitamente peor que 2019.

Ya lo verás. Confía en mí.