Batallones

He aprobado el examen del día 14, pero mi nivel de aturullamiento es tal, que ni siquiera he tenido tiempo de alegrarme por ello. Es más… ni siquiera he tenido tiempo de decirte que me había examinado el día 14. ¿Verdad que es estupendo? no sé cómo sobreviviremos a esto. Demasiadas cosas a la vez. Intento dispersar al batallón de problemas que me vienen en tromba espada en alto ¿eh? LO INTENTO, pero me sale regular. Ayer me pude dormir sobre las dos y media de la madrugada. Soy una maraña de pensamientos y angustias vitales. Hoy en el trabajo era un poema de bostezos y mirada de burro. A mi lado, Jon se mantiene estable y contento. Hoy me ha traído una botella de cava y una caja de gambas. «Para celebrar el éxito.» «¿Qué éxito?» «El que seguro tendremos.» Ah, ok. Eso es fe, amigo, y lo demás son tonterías.

Los compañeros optimistas son un bien en extinción. Si tienes uno, mejor sujétale fuerte.

Tenemos una oferta por nuestra casa que nos cuadra. Diez mil euros por encima de lo que necesitábamos. Me la han hecho hoy telefónicamente y me he quedado a cuadros. No me la esperaba para nada. De hecho creo recordar que hasta he tartamudeado «Oh…ah…uh… vale, lo consulto y le llamo.» Solo hemos pasado quince días en el circuito de venta. O la pusimos demasiado barata (cosa que dudo, porque a mí me parece un pastizal) o hemos tenido una suerte cojonuda. La cosa se acelera y siento vértigo premonitorio. Aún no tenemos dónde meternos, porque la ÚNICA casa que le gusta a Jon tiene tres inconvenientes:

1. Vale 35.000€ más de lo que teníamos en presupuesto.
2. Ni la he visto, ni la podré ver hasta el sábado porque ESTOY MUY LEJOS.
3. Actualmente, los propietarios están viviendo en ella (ya casi puedo visualizar a un Ariel Nepomuk pasando por encima de una abuela propietaria para coger una camisa del armario).

En resumen: nuestra casa se vende y no tenemos dónde ir. Y no sé cómo reorganizar mis estudios. Ni mis alumnos. Ni mi trabajo. Ni la gestoría. Ni…

Y Jon está un día fuera y otro también.

Y sigo con una María duplicada en un miniAriel que me tienen hasta el escroto al alimón.

Y a mi suegra aún no le dan el alta, porque le han drenado un pulmón y sigue con antibióticos.

Dice Jon que no me angustie. Que respire. Que me centre en el último examen que me queda. Que en el contrato de arras pactaremos un tiempo adecuado para abandonar nuestra casa y entregar las llaves. Ok. Vale. Bien. No me preocupo entonces.

-Necesitaremos un tiempo para la entrega de llaves.
-Claro, no hay problema. ¿Qué tiempo creen que necesitan?
-Mmmmmh… no sé… ¿diez años? bueno, mire… ponga once.