El bicho bola

Estuvimos hablando con el matrimonio que nos quiere comprar la casa cerca de una hora. No entiendo muy bien por qué. Machadas alfa. Yo no tenía nada que hablar porque ya nos daban 10.000€ más de lo que habíamos previsto, y por mí lo único que había que hacer era aceptarlo sin más, pero Jon quería mantener la oferta en frío por si surgía otra mejor. Lo dicho. Machadas alfa. Negociaciones de lobo para las que yo no sirvo ni serviré. Después de pactar con ellos 24 horas para pensar su oferta (que ya tenemos pensada desde ayer), estuvimos revisando los expedientes de las cinco casas que veremos entre el sábado y el domingo. Esta vez iré yo también. Hice un cuadrante con la distribución de las horas. Soy muy amigo de hacer cuadrantes para todo que luego nunca sigo. Calculamos el viaje y el trayecto, y pusimos una a las 10:30, otra a las 11:45h, otra a las 12:30h… Ahora somos los pirados de las casas. Saltaremos de una a otra como dos oompa loompas, desplegando el metro extensible por suelos y paredes. Una vez terminado mi cuadrante inútil, estuve hablando con Hacienda para informarme sobre un requerimento que recibí anteayer, diciéndome que mi trabajo como profe en 2017 no estaba bien declarado, y que les debía 137,58€. Yo lo había revisado por la mañana y era verdad, así que solo quería alegar que no alegaba nada. Si otros defraudan por pasarse de listos, yo lo había hecho por pasarme de tonto. Muy habitual en mí. Cuando terminé con Hacienda, llamé a mi suegra para coordinar con ella el ir a buscarla mañana al hospital cuando tuviera el alta, para llevarla a casa y evitar que le diera por conducir con sus cinco costillas rotas, cosa de la que hubiera sido perfectamente capaz. De conducir, de derrapar y hasta de levantarte el dedo corazón por la ventanilla. Mi suegra es mucha suegra. Con costillas rotas o sin ellas.

Para cuando terminamos de organizar nuestro salvamento de guardianes de la galaxia, nos habían dado ya casi las cinco de la tarde. Jon dijo «pues yo me voy a ir yendo al trabajo para aprovechar lo que me quede de jornada». Yo le dije «sí, casi que yo también. Guardo todos los papeles y me piro.» Adiós-adiós-beso-beso, y Jon se fue. Yo me senté en la cama, abrí la mochila coloqué los papeles desplegados sobre el edredón, miré el reloj, pensé «ya es tarde, mejor si me doy prisa» me recosté un poco… Y me desperté media hora después, con el moflete pegado a mi expediente de liquidación provisional de la Agencia Tributaria.

Siento que empiezo a mutar en bicho bola. Te lo dije. Demasiado recorrido ya con el depósito de reserva.