Oh Capitán, mi capitán

Mañana es el cumpleaños de Jon K. Mi Jon K. O rey de las vigas maestras. Espartano inquebrantable de los mil ejércitos. Comandante de las cuatro nepotribus. Otros años le he montado cosas espectaculares. Batallas de paintball, paseos en coches de Fórmula 1, pilotajes de vuelo sin motor… Este año le he montado una tarta del Mercadona de Peppa Pig y una meriendacena con fantanaranja, medianoches de salchichón y patatas fritas. Y no por una cuestión de presupuesto, no. O al menos no de presupuesto económico, sino de presupuesto mental. Simplemente, este año no doy más de sí. Me di cuenta de que era su cumpleaños una semana antes. Y él, viéndome como me veía, buceando en mares de nervios y ansiedades por un futuro improvisado, tampoco quiso decirme nada. Así que anteayer les dije a los chicos «tenemos que montarle una fiesta a Jon. Por favor, ayudadme.»

La ayuda infantil para montar fiestas de cumpleaños no es que sea precisamente la mejor idea del mundo. Y si la horquilla de edades de los organizadores va desde los 5 hasta los 29, pasando por los 14 ya ni te cuento. Al final acabas encontrándote con un menú de lo más ecléctico, donde se cruzan nécoras con bolsas gigantes de ganchitos, y cuencos de cacahuetes entre blinis con caviar. Cuando hemos llegado a casa, Jon me ha ayudado a vaciar las bolsas del super con una media sonrisa. Con cada cosa que sacaba, la sonrisa se iba ensanchando. María y Ariel Jr. se ponían de puntillas asomándose a la encimera levantando cosas inverosímiles «MIRA PAPÁ, PATATAS QUE SABEN A HUEVO FRITO» «PAPÁ MIRA, GOMINOLAS DE CHOCOLATE PARA TU FIESTA». Todo era supercutre y magnífico. Y la tarta. Peppa Pig. Por dios, Peppa Pig… ¿hay algo más maravilloso que un hombre de 44 tacos soplando velas sobre una tarta de Peppa Pig? Pedro se ha desmarcado de toda culpa. «Lo de la tarta ha sido Ariel. Yo quería una de Star Wars.» Jon ha levantado una ceja: «Hombre, Pedro… me vas a comparar Star Wars con Peppa Pig.» María se ha asomado sobre el dibujo de azúcar glass. «¿Es chica o chico?» Yo he ladeado la cabeza como un husky. «Es cerda, creo. Porque lleva falda vaquera.» «¿Y por qué tiene los dos ojos juntos?» «Al otro lado tiene los otros dos. Es una cerda multivisión.» «¿Qué es pulisivión?» «Que lo ve TODO.» «¿Como la yaya?» «Pueeeeeeessssss más o menos.»

Realmente, es evidente que hay muchas formas de hacer inolvidable un cumpleaños.