Que no me gusta escribir de noche

Quería escribir a eso de las nueve porque llevo una semana muy de mierda loca (o loca mierda), pero Jon regresaba hoy de Zaragoza pilotando un trasto volador, tenía que volver sobre las seis y media y eran las ocho y no había aparecido, así que he gastado mi tiempo de escritura en cagarme vivo, estar pendiente de los telediarios y llamar a todos los teléfonos de la agenda para ver si alguien me daba alguna noticia al respecto. Al final no ha pasado nada y he podido contactar con él cerca de las diez, así que… usaré las pocas neuronas vivas que me quedan a estas alturas de noche para quejarme (otra vez) de lo de haber vendido nuestra casa y no tener aún a dónde ir.

¿Te he dicho que hemos vendido nuestra casa y no tenemos aún a dónde ir?

Jon sigue sin estar preocupado. Por el contrario, le noto bastante feliz por haber vendido bien la casa. Hemos pactado dos meses máximo para la escrituración y uno más, para abandonar la vivienda. Como en tres meses no tengamos nido, vamos a pasar un veranito de lo más chupi. Ahora pasamos nuestras tardesnoches mirando casoplones. Los que molan muchísimo están en mitad de la nada y los que no están en mitad de la nada, nunca son perfectas. Ni siquiera sé si existe realmente la casa perfecta. Vimos una el martes que se asemejaba bastante, pero tenía cinco pisos. Cinco. Y otro tramo más de escaleras hacia abajo para salir al jardín. Era una casa como para que nunca te fallara ninguna pierna. La buhardilla era espectacular. 40 m2 diáfanos e impecables. Y en la planta sótano había 50 m2 también diáfanos para hacer una sala de cinebillarpinpongnepomukadas. Cincuenta metros. Madre mía. He vivido con un perro, dos gatos y un tratamiento de quimioterapia en espacios bastante más pequeños que la mitad de ese sótano. ¿Te das cuenta de lo que puede girar una misma persona en cuestión de un puñado de años? Jon hace muchos números. Dice que ahora necesitaré un coche híbrido. No sé por qué dice «necesitarás» y no «necesito». Siempre piensa en lo que tiene que facilitarme y nunca en lo que tendrá que buscarse él. Creo que se siente culpable por arrastrarme con su traslado. Sin embargo, a pesar del caos de estos días y de mi nivel de hiperventilación angustiosa, creo que será un cambio bueno para mí. Estoy pactando con mi empresa una reducción de jornada del 75% y eso me dejaría las tardes libres para poder dedicarme (por fin) a escribir, dibujar y dar mis clases sin tener que terminar las jornadas a las doce y pico de la noche. Solo eso ya mejoraría mucho mi estado emocional.

Es solo que ahora mismo me cuesta verlo todo en perspectiva positiva y solo me centro en que HEMOS VENDIDO NUESTRA CASA Y NO TENEMOS AÚN A DÓNDE IR.

Hoy he recibido una declaración de amor muy cortita de alguien de mi grupo de alumnos. Tan cortita, que solo era un corazón rojo dibujado en un papelito doblado en cuatro trozos y dejado dentro de mi bolsa. No sé quién ha sido pero me lo puedo imaginar. A estas alturas estará pensando que no lo he visto, o que soy un estupidito por no haber comentado públicamente nada al respecto. La verdad es que mis alumnos no me guardan ni la más mínima distancia. No sé si eso es bueno o malo. Hoy les he enseñado acrobacia y nos hemos divertido MUCHO. Al final me he venido un poco arriba con la demostración y me he lanzado directamente a los triples laterales, y a la posibilidad de romperme el cuello y quedarme para el resto de mi vida en formato Monchito. Cada vez que volvía a la posición vertical de ser humano sensato y normal, veía sus 16 miradas de hostiaputasenosmata fijas en mí. Creo que mi insensatez de lemming también tiene mucha relación con la liberación de stress. No te extrañe que cualquier día de estos me sorprenda la guardia civil yendo a trabajar en patinete de rísquili-rísquili por el carril central de la M50.