Ahora o nunca

Tenemos fiestón infantil el sábado. Cumpleaños de Simón. Once añazos. Último fiestón infantil que celebraremos en esta casa (o eso espero, porque si para junio no hemos hecho ya el trasvase, chungo lo llevamos). Simón, que es del ala pacifista de los Zeta-Serlik, dijo que entendía que estábamos en mucho follón con lo de la venta-compra (que no es lo mismo que compra-venta) y que no hacía falta que montáramos nada grande. Pero no nos parecía justo que por nacer entre enero y marzo tuviera que quedarse sin fiestón, así que… le dijimos que eligiera temática. Y él dijo «venga, pues como es la última que la elija María» y María dijo «¡¡¡LA SELVA!!!»

No podemos quejarnos demasiado. Siendo como es, una niña que tiene escarabajos peloteros de mascota, podría haber dicho cualquier cosa. «CACAHUETES ESPACIALES» «OSOS PLAYEROS» «CEBOLLAS GIMNASTAS». Con María todo habría podido ser posible, así que… bien, bien. Aceptamos selva. Viva la selva. Larga vida a la selva. Hemos organizado batalla por equipos, disfraces y una gymkana con premio. Yo capitaneo a los monos (lógico y normal) Jon a los leones (más lógico y más normal), Jokin a las cebras (aún más lógico y más normal porque el pobrecico no puede ser más soso) y nuestro amigo Maxi a los masáis (aquí ni lógico, ni normal, ni nada que no sea una ida de olla). Y en ese mogollón, se supone que los leones matan a las cebras, las cebras matan a los monos, los masáis matan a los leones y los monos no matan a nadie, pero se pueden defender trepando a las alturas. El equipo que consiga la bandera, será el campeón.

O sea, un chocho del quince. Esto acabará en sangre.

Por mi parte, he aportado mi pequeño granito de arena al caos, pidiéndome ser lemur. Es decir, pidiéndome ser algo que no es un mono simiforme propiamente dicho, ni pertenece a la misma selva de los leones y las cebras. PERO NO IMPORTA porque yo NECESITO estrenar mi disfraz de lemur. Y me voy a arrepentir mil veces, lo sé. Primero porque llevo una cola larguísima y anillada (el disfraz. No es que ahora me dé por lucir piercings en la trúlara) y veo que se me va a enganchar allá por dónde corra, con el consiguiente arrastre de todo lo que pille, así que milagro será no terminar barriendo medianoches de salchichón y vasitos de fanta con el rabo (del disfraz. DEL DISFRAZ) por todo el salón.

PERO NO IMPORTA porque yo NECESITO estrenar mi disfraz de lemur.

Tengo 29 años y un disfraz de lemur. Ya me dirás tú si esto no es un «ahora o nunca» de libro.