En fin…

Estoy cansado y desilusionado. Mi reunión sindical ha sido… algo desmoralizante. Había allí un pez gordo del sindicato. Bastante gordo. En un momento dado he sacado a debate que deberíamos tener en cuenta para la firma del próximo convenio las licencias retribuidas de 6 horas para acompañamiento de hijos menores de 15 años al médico. Me ha dicho: «¡sí, hombre! y los que no tienen hijos, dirán que también para llevar a sus madres.» Y yo he dicho «pues mira, creo que también deberían contemplarse el acompañamiento a familiares ancianos de primer grado.» Me ha mirado como si le hubiese hablado de querer pilotar en looping con el Halcón Milenario. Le ha faltado hacerme pif-pif en la cabeza y darme un euro para los caballitos. «Joder, chico, es que lo queréis todo… la empresa no puede permitirse esos gastos. Coño, no haber tenido hijos.»

Eso me ha dicho. Sin suavizantes de ningún tipo. Sin un «bueeeeno… yo creo que será complicadooooo…» No. Directamente, no haber tenido hijos. Un representante sindical de la jerarquía más alta del sindicato, me ha dicho que «la empresa» no puede permitirse esos gastos.

Según parece, no estamos para defender el bienestar de los trabajadores, ni la conciliación laboral, ni pollas. Estamos para que la empresa no pierda dinero. Ese es el mensaje.

Me apetece cavar un agujero en el jardín y meterme dentro a dormir hasta mañana. Hasta que pase la luna. O la semana. O el sindicato. O qué se yo.

Qué mierda todo.