Gris cometa

Jon me ha llevado otra vez a ver coches (está pesadico) y luego se ha ido a Guadalajara. Y como no volverá hasta mañana por la tarde, me he puesto a freír huevos con panceta como si no hubiera un mañana. Que sí, que luego me leerá y me llamará diciendo ¿¿¿HUEVOS CON QUÉ??? y yo diré (con la boca llena de panceta) «No, no, que era un recurso literario, que en realidad he hecho judías verdes…» a lo que él añadirá «TE VOY A ESTOFAR», pero ya la panceta estará dentro muy dentro de mis tripas y ya dará iguaaaaaaal… Es lo que hay cuando uno lleva casado ocho años. Que se conoce para las idas y para las venidas.

Como decía, hemos estado viendo coches. Ha sido superbonito porque Jon me llevaba todo el rato a mirar los híbridos megaguais y yo me iba todo el rato a mirar los Dacia megacutres. Y él me llevaba de la manita a sentarme en los pijos «mira Ari, pantalla con superflux… mira Ari, marchas con pamplinflash…» y yo en cuanto podía, salía por el otro lado y me sentaba en los Dacia «mira Jon, rayitas rojas en la tapicería…» Ha sido una demostración preciosa de lo antagónicos que son nuestros respectivos conocimientos automovilísticos y nuestro concepto de primera necesidad. Al final me he llevado un montón de folletos de Dacia y una simulación 3D de mi nuevo coche color gris cometa (porque hoy en día lo de ser gris normal está pasado de moda) con cámara trasera y navegador integrado. Aún así no estoy convencido. Mi coche es una tartana, pero es una tartana que se mueve. Que bueno, que vale, que sí, que tendremos dinero sobrante y que igual es un ahora o nunca, pero vamos… que luego va a ser una decepción para Jon cuando se pispe de que con cámara trasera TAMPOCO sé aparcar. Que igual debería ir avisándolo.