Qué desastre…

Llevo cinco podcast defenestrados. Cinco. Se dice pronto ¿no?

En el primero, me he equivocado de micrófono y he puesto uno que estaba roto. Se ha grabado todo bajiiiiiiiiiiiiiiiiiiiito y al subirlo, se oía como si estuviera en un submarino nuclear. Cuando me he dado cuenta del error, me he puesto a grabar el segundo.

En el segundo, me he quedado sin batería en los auriculares inalámbricos y he tenido que enchufarlos con un cable que no me daba de sí. He grabado con la cabeza de lado, como una vespa, y debido a la postura, he dado sin querer a donde no debía y he grabado en tres pistas. Así que he tirado todo a la basura y me he puesto con el tercero.

En el tercero, he grabado un tostón interminable de 23 minutos (dios… 23 minutos) que he tenido que terminar apoteósicamente, cuando se me ha caído la fuente metálica de las palomitas clinga-clanga-clonga-cataclonga por toooooooooooooooooodo el suelo en desparrame.

En el cuarto, me ha dado un ataque de tos porque se me ha ido la saliva por mal lado y casi me meo como una vieja del esfuerzo.

En el quinto (que ha sido hace escasos tres minutos) me ha interrumpido Simón con un toc-toc-toc en la puerta porque habían traído la pizza (que se note aquí que Jon está enfermo de gripe y he tomado las riendas del finde nutricional, con su consiguiente caos).

Yo quería hablar de mi madre (aunque me estaba quedando la cosa trágica que te cagas). Pero bueno. Sabes… hay días que no y no. Así que cambiemos a mañana. ¡Bienvenido a los domingos de podcast! ¿La viñeta? pues… yo qué sé… ehm… ¿el lunes te va bien?