El mal martes

Bueno, qué tal. Yo comiendo tarta de queso y bebiendo cava. No debería ni lo uno, ni lo otro, pero es que he tenido un díaaaaa… Jon hace un rato me ha dicho «Vale, Ari. Hay que plantarse. Elige una fecha y empezamos a cuidarte, porque vienen semanas de mucho movimiento Y no puedes seguir así.» Yo he dicho «Vale, empiezo el lunes» y él me ha mirado largo y tendido… ha levantado una ceja… la ha vuelto a bajar… ha suspirado… y ha dicho «ELIGE UNA FECHA Y EMPEZAMOS A CUIDARTE PORQUE NO-PUEDES-SEGUIR-ASÍ.» Yo he pegado un botecito en la silla (por el berrido) y he dicho «vaaaaaaaaaaaaaaaaaale. Mañana.»

Pues mañana. Bienvenido de nuevo al festival de acelgas y pollo plancha.

Hoy me he pasado el día metido en el coche y todo me ha salido básicamente mal. Tenía que llevarles 200 kilos de pienso de gatos a mis amigos de la asociación a primera hora de la mañana y eso ha hecho que me comiera lo menos 35 minutos de atasco por accidente en la A6. Desde ahí, todo ha sido catástrofe. No suelo nunca coger el coche para diario. Porque contamino, porque me atasco, porque voy demasiado de la ceca a la meca entre universidad, clases y trabajo y la comunicación en autobús es realmente buena. Pero claro… cinco bolsas de 10 kilos de pienso de gatos en el autobús queda feo y tal. Así que hoy era coche o coche. Y maldita la hora. Luego he tenido reunión de sindicato y he tenido que meterme otra vez en el centro y luego volver a salir. Al final me he hecho la picha un lío con el navegador y he terminado en veteasaberdónde, angustiado perdido, y llamando a Jon «VEO UN EDIFICIO QUE PONE BEBA WHISKY DYC ¿TÚ SABES DÓNDE COÑO ESTOY?» No ha podido ayudarme mucho, claro. Al final, he dado unas 2 horas de vuelta turística por Madrid y luego por fin, no sé ni cómo coño, he logrado regresar a mi trabajo.

No voy a echar de menos Madrid, ni los coches, ni los atascos, ni las M30-40-50. Soy un puto desastre. En realidad, yo nunca debería haberme sacado el carnet de conducir. Porque no me gusta, porque se me da como el culo, porque no me oriento, porque no sé aparcar, porque me daba terror la carretera (me daba. Gracias al método japonés de las 10.000 repeticiones, eso lo superé). Pero lo necesitaba, y mi cabeza suele funcionar así. «¿Que no debo? ¡pues allá voy!» Al final resultó que era la única forma posible de vencer al miedo.

No me gusta que el miedo me domine. No se lo permito. Sobre todo porque ese es terreno único y exclusivo de la Repostería Martínez.