Espartanos (ah-uh)

Jon K. se ha enfadado cantidad conmigo porque me he pimplado medio bote de Nocilla. Sin pan. Sin cuchara. Sin nada. A dedo puro y duro. De esto que dices «solo un poquito…» «Uy, qué rico, venga otro.» «bueno, uno más y ya el último.» «No, en serio, este el último de verdad.» «Coño… ¿eso que brilla es el fondo del vaso?»

No puedo tomar Nocilla. Tengo la glucosa y el colesterol alto por culpa del puto hipotálamo. Para mí tomar nocilla es como tomarme un batido de cicuta. Pero en defensa de mi irresponsabilidad diré que ha sido una semana very dura. VERY, VERY DURA. Supongo que eso también ha jugado a mi favor cuando a Jon se le ha empezado a diluir el cabreo (más o menos a las siete horas de haber descubierto el delito). Aún así, eso no ha impedido que nada más cruzar por la puerta, me hiciera calzar las zapatillas y salir a correr para bajar la glucosa. Jon siempre me hace eso cuando cometo algún desliz de azúcar. Me lleva a trotar como si no hubiera un mañana. Y cuando ya me ve que arrastro la lengua por los zarzales, sonríe satisfecho y dice «bueno, pues… glucosa purgada.» Salir a correr con Jon cuando tienes con él deuda de algo, es el puto infierno en vida. Porque yo no soy él, ni tengo cuadriceps de acero, ni la potencia de un panzer, ni la resistencia de un avestruz. YO SOY HUMANO Y ME CANSO. Y mientras él está en lo alto de la loma gritando VAMOS-VAMOS-VAMOS mientras enfila como un puto jabalí, yo aún estoy resbalándome en los piedros de abajo rúsquiti-rásquiti, como un conejo en una cantera y haciendo gestos de «sigue, sigue… tú sube y luego me lo cuentas.»

Creo que en mi próxima vida me casaré con un contable gordito.

En fin. Que acabamos de volver de nuestra carrera contra la glucosa y be buero. Be buero bucho. Tanto que casi estoy a un tris de prometerme bajo juramento de sangre que nunca más volveré a probar la Nocilla.

O más bien, que nunca volveré a dejar a la vista el cuerpo del delito. Que parezco nuevo, coño.

Mañana vamos a que nos den el presupuesto del aire acondicionado. Hoy estoy menos asustado que ayer. Lo que sea, será. Supongo que lo de no sentir las piernas por exceso de espartanidad, ayuda bastante.