El tonto contra el mundo

Ya casi se ha pasado el domingo. Yo creo que ya podemos empezar a deprimirnos. Esta mañana he estado más o menos arriba, hasta que preparando la comida me ha dado uno de mis ataques mortales de arizónicas y he tenido que elegir entre tomar el polaramine o asfixiarme. El polaramine me deja anulado, pero respirar sigue teniendo su aquel, así que… He hecho mi elección, me he tomado mi pastilla, y desde ahí ya he ido en picado. Hace un rato hemos cogido la moto y nos hemos acercado al centro comercial para aceptar el presupuesto del aire acondicionado y ponerlo todo en marcha. Pero el chico que nos lo había llevado todo no estaba y la muchacha que había allí no nos daba mucha confianza, así que… lo hemos postpuesto a mañana y hemos aprovechado para dar un paseíto por el centro. En qué puta hora. En Madrid (y en el mundo, en general) sigue sin llover y la contaminación concentra el aire para los alérgicos de una manera brutal. He vuelto a dejar de respirar y me ha dado un bajonazo del quince. Y como me encontraba mal, estaba cansado, no podía respirar y toda mi conversación se centraba en un «ay-ay-ay» y un «mierda-joder-mierda», entre cadenas de estornudos, he empezado a verlo otra vez todo negro y a construir laberintos mentales dónde no debería haberlos. No sé con qué lo he tomado esta vez. Con lo de la fibra, creo. «No hemos llamado a Movistar…» «vamos a estar SEMANAS sin internet en la casa nueva…» «no nos va a dar tiempo a tenerla para después de semana santa…» «No sé qué vamos a hacer para trabajar…» «DIOS MÍO, VAMOS AL DESASTRE…»

Jon ha tenido paciencia. Jon siempre tiene paciencia. Nos tenemos aprendidos el uno al otro y nos sostenemos en nuestras imperfecciones. Supongo que formar pareja estable es simplemente eso. Coordinarse de forma que nunca termines siendo un tonto contra el mundo. Hoy él ha sabido manejar la estrategia y me ha llevado a ver escaparates de muebles bonitos. De esos que no nos podemos comprar, pero las tiendas estaban casi todas cerradas porque era domingo, así que no había demasiado peligro. Me ha gustado todo. Los cuadros, los biombos, las sillas metálicas, las cestas de mimbre… Me han gustado hasta las iniciales gigantes horteras para poner en la pared. «Quiero esto, esto, esto y esto.» «Muy bien.» «Y el biombo también me gusta.» «Pues el biombo también.» «Y eso de ahí lo pondré detrás de mi sillón de leer.» «Perfecto. Tú sillón orejero.» «No quiero un sillón orejero, quiero uno normal.» «En tu sillón normal.» «Eso. Y en la cocina pondré estanterías metálicas hasta arriba y las usaré de despensa.» «Fantástico.»

No se me ha pasado el cansancio, pero sí ha servido para que se me abriera el laberinto. Jon es sabio ¿ves? ayer él tuvo una guardia emocionalmente complicada por una serie de recuerdos grises en cadena, y yo le distraje jugando al Doom hasta las 3 de la madrugada (me imagino que parte del machaque que llevo también puede ser falta de almohada). Es lo que te digo. Nos coordinamos para no terminar siendo nunca un tonto contra el mundo. Por ahora nos va bien, porque siempre hay uno que cae y otro que sostiene. Lo que no sé es qué haremos cuando coincidamos los dos cayendo. Imagino que pegarnos la hostia juntos y luego sacudirnos el polvo. Si será por rearranques…